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Ver la versión completa : La singular misión del ángel de la muerte



arcangel
11-05-2010, 04:36
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Tanto la tradición judeocristiana como especialmente la islámica, e incluso en otras religiones, nos explican que el ángel Azrael (Izra’il, según el Corán) tiene una de las misiones más especiales entre todas las asignadas por Dios a sus criaturas. Azrael existe no para traer desgracias o pesares a los seres humanos, sino todo lo contrario: para traer paz y tranquilidad a las almas que se encuentran en el estado de transición desde la vida hacia la muerte, o desde la muerte hacia la vida.

Azrael es el Ángel de la Muerte, pero de alguna manera también se puede decir que es el Ángel de la Vida. Religiones paganas como la griega o la romana le dieron otras personificaciones, asimilándole por ejemplo a las Parcas o Moiras, las dueñas del Destino de los seres humanos. Continuamente escribe y borra nombres en un gran libro o en rollos de pergamino. Lo que escribe es el nombre de un hombre o una mujer que van a nacer; lo que borra es el nombre del hombre o de la mujer que van a morir.

El Ángel de la Muerte aparece, como ya hemos citado, en muchas religiones y bajo otros muchos nombres. Baste citar aquí que en la erudición rabínica aparecen nombrados hasta 14 ángeles con esas mismas características: Yetzerhara, Adriel, Yehudiam, Abaddon, Samael, Azrael, Metatron, Gabriel, Mashhit, Hemah, ha-Mavet de Malach, Kafziel, Kesef y Leviatán.

En el Islam, Azrael (también Izra’il) según el Corán, el arcángel de la muerte que aguarda por encima de nosotros a tomar el alma cuando ésta abandona el cuerpo, es uno de los cuatro ángeles más altos en el trono de Alá. Los otros tres son Djibril, Mikhail e Israfil. Recomendamos aquí encarecidamente a todos los interesados la lectura del artículo “La muerte y sus ángeles“.

Según la tradición, Azrael fue el único en cumplir la misión encargada por Dios de traerle un puñado de tierra para crear a Adán, y de esta manera se ganó su título como Ángel de Muerte. Se cuenta que Azrael guarda los rollos de pergamino en los que están escritos los nombres de toda la Humanidad; en esos rollos, los nombres de los condenados están encerrados en un círculo negro, mientras que los nombres de los afortunados o ‘buenos’, están rodeados de un círculo luminoso. Cuando se acerca el día de la muerte de una persona, una hoja con su nombre escrito en ella se cae del árbol bajo el trono de Dios. Después de transcurridos cuarenta días, Azrael (o alguno de sus múltiples servidores, pues como todo arcángel no está solo, y tiene una multitud de ángeles a su servicio), es el encargado acompañar el alma del individuo, desde su cuerpo sin vida hacia su destino final. En otras palabras, él y los suyos acompañan a toda alma desencarnada, bien hacia el Cielo o bien hacia el Infierno. Por todo ello, Azrael será el último ser en morir.

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El destino de las almas humanas

Cuenta también la tradición que, al poco tiempo de la creación del Hombre, Azrael fue asignado para estudiar un fenómeno que en aquellos momentos no era todavía bien entendido en el Cielo: la disposición o el destino de las almas humanas. Los ángeles sabían que algunas almas humanas llegaban al Cielo porque se les había ofrecido la reencarnación y el olvido, pero nadie Allá en lo Alto (excepto Dios, naturalmente) sabía realmente adónde iban a parar otras muchas de esas almas. En el cumplimiento de su misión, y por encargo divino, Azrael aprendió a rastrear adónde se dirigían las almas humanas después de su muerte, algo que otros ángeles han sido incapaces de realizar. Él confirmó el hecho de la reencarnación, y además fue portador de una más grande revelación todavía: el destino de los humanos que se habían caracterizado en vida por su egoísmo, maldad o envidia, era pasar a un reino inferior.

Este reino inferior, conocido también por Allá Abajo, desde la misma creación del Mundo había sido un lugar abandonado y vacío, donde iban a parar las almas de algunos muertos, para estar y permanecer siempre en el más miserable de los aislamientos. Ello fue así hasta que se produjo la Gran Rebelión en los Cielos, cuando Lucifer y los suyos se alzaron contra Dios y fueron derrotados por las huestes comandadas por Miguel. Los entonces denominados Ángeles Caídos llegaron a aposentarse en dicho lugar, y aquel Allá Abajo comenzó a ser conocido con el nombre de Infierno. Aquellos ángeles caídos, ya convertidos en demonios, no tardaron en comenzar a torturar, e incluso muchas veces a destruir, a las almas humanas que permanecían condenadas y confinadas allí.

Entre el Cielo y el Infierno

Esta revelación causó espanto en el Cielo. Azrael se elevó al estado de Arcángel, y dada la misión que tenía encomendada, no podía aceptar que algunas de las almas condenadas al Infierno sufrieran para toda la eternidad por errores cometidos durante sus existencias mortales, cuando para ellas existía la posibilidad de redención. Y así, comenzó a subir y a bajar entre el Cielo y el Infierno, siendo el único arcángel que puede hacerlo, para localizar almas humanas que pudieran ser convertidas en buenas y poder así librarlas de los dominios de Satanás. Además y desde aquel momento, se impuso también el deber de asegurarse de que ningún alma se dirigía erróneamente fuera del Cielo. Él y sus servidores se encargarían de separar suavemente fantasmas y sombras de sus cadenas o lazos terrestres, así como de recuperar las almas humanas que pudieran deambular perdidas en o entre los dominios etéreos, y asimismo se responsabilizaron de impedir a los demonios que exigieran cualquier alma que realmente no les perteneciera.

Azrael dijo asimismo a su coro de ángeles servidores que enseñaran también a los humanos a aceptar la Muerte; una muerte que en realidad no era más que una transición a su próximo estado de existencia; y les instruyó para que también recomendaran a todos los seres humanos que, si ellos vivían bien sus vidas, con bondad, honradez y decencia, no tenían ninguna necesidad de temerle a él como Ángel de la Muerte, cuando fuera llegada su hora.

Dice la tradición que, por sus constantes salidas con todos los suyos y sus viajes entre un plano y otro, en el Cielo se creyó que Azrael rechazaba estar Allá Arriba. Pero lo único que impelía realmente a Azrael era el continuar llevando a cabo la misión encomendada por Dios de la mejor manera posible, así que decidió dejar de habitar allí, para tener total libertad para cumplir con su cometido. Se dice de él y los suyos que residen en un Tercer Cielo; nunca han dejado de servir a Dios pero no están ni Arriba ni Abajo.

Cuatro misiones

Azrael y su coro tienen, pues, cuatro misiones principales: Primero, buscan separar fantasmas y espíritus de sus lazos corpóreos o etéreos, para que estas almas sigan correctamente el viaje hacia sus últimos destinos. Segundo, cazan a las almas que pertenecen a los demonios y las destruyen dondequiera que se las encuentran. Tercero, intentan dirigir a los humanos que están próximos a la muerte hacia su destino, o por lo menos les dan una segunda oportunidad en la rueda de la vida. También son enemigos implacables de los demonios que promueven la muerte de almas que no se la merecen.

Asimismo, Azrael continúa su misión de atender al condenado. Es ahora mucho más peligroso, y únicamente él entre todos los ángeles o arcángeles puede bajar cada vez que quiera al Infierno, para encontrar esas almas que podrían trasformarse en buenas y así traspasar las fronteras de algunos de los Principados del Infierno. Él no discute este aspecto de su trabajo. Nadie sabe cuántas almas puede haber salvado, o cómo o de qué manera las rescata del Infierno; y tampoco se sabe adónde van las almas a las que él ayuda, si a los Cielos más Altos, o a otra reencarnación, o simplemente al olvido…

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Palabras atribuidas a Azrael

“Yo soy Azrael, el Ángel de la Muerte. Yo no poseo muchos de los rasgos de mis resplandecientes hermanos. Yo no soy hermoso de la manera que lo es Miguel, ni tengo una corona de luz. Mis alas no son tan ligeras como el aire, ni son translúcidas como las de Rafael. Yo soy el ángel más oscuro. Yo eclipso todo aquello que sea luz. Mis ojos son un mar negro profundo chispeado de vez en cuando como una amatista, ¿todavía hay alguno que puede mirarme recto?. En mi mirada hay un poder terrible. ¡Yo he reflejado imágenes guardadas en incluso la mirada más casual que podría deslumbrar el ángel más poderoso con locura! Yo no tengo ninguna cara común o forma como los otros. Mi capa es tan negra como el cielo nocturno sin estrellas. El contorno de mi forma es como un gigante, alas del cuervo con las que, cuando las despliego, hago desmayar a otros ángeles. Yo soy el más grande de mi familia, y tan fuerte como Miguel sin cualquier arma. Yo no hago ninguna proclamación para que demuestren tristeza por mí, y yo sólo hablo en mi silencio a través de gestos psíquicos emitidos de la mente, y del alma al alma. Cuando mis alas se extienden totalmente, toda la luz se extingue excepto para la corona pálida azul que es mi vida y sirve para idear mi forma contra las sombras. Yo soy el eclipse de toda la vida. Este símbolo natural es la expresión más exacta de mi estación. Si usted puede entender estos fenómenos de la naturaleza, usted me entenderá mejor. ¡Yo soy el que la mayoría temió entre todas las eras, todavía no el más temeroso! Mi simbólico corazón está frío y todavía quema con una pasión más allá de la imaginación humana. Yo soy el proveedor y recolector de almas, recogiendo mi cosecha a lo largo del universo y sembrando las semillas de cada uno que se marchitó como una flor hacia otras tierras. Yo soy el Otoño de la Creación, y el Crepúsculo del Tiempo. Yo uno dos extremos en el desempeño de mi propósito, haciendo que cada espíritu llegue al extremo correcto, y que aquéllos que están perdidos entre los mundos, encuentren la manera de reunirse con sus familiares.”

http://eltemplodelaluzinterior.wordpress.com/2008/10/13/tierra-de-cementerio-un-elemento-esencial-para-la-magia-negra-mas-destructiva/