Morsjanuavitae
03/02/2009, 22:21
Hay una razón muy poderosa por la cual esta serie de epopeyas espaciales nos sigue fascinando, treinta años después de proyectarse el primer episodio: George Lucas y sus creativos han sabido construir una mitología heroica y panteísta, muy adecuada para nuestro tiempo, que –pese a su apariencia oriental– sintetiza mitos y símbolos procedentes de todo el mundo. Es algo parecido a los viejos cuentos y mitos que han hecho soñar y entusiasmarse a varias generaciones.
Hace mucho tiempo, en una galaxia muy, muy lejana…». Estas palabras, propias de un cuento de hadas o de un mito, nos introducen a un espacio ilocalizable y a un tiempo atemporal, propios de las mitologías y que existen en las profundidades de nuestra imaginación y del inconsciente colectivo. Con ellas comenzaba en 1977 Star Wars IV: Una nueva esperanza, traducida en España como La guerra de las galaxias.
Los rótulos con estas explicaciones preliminares se perdían en la lejanía y daban paso a la oscuridad y al vacío, con los que comienzan el Génesis bíblico y otras cosmogonías sagradas. A continuación, venían las explicaciones e imágenes que nos introducían a las guerras estelares entre el Imperio y la resistencia republicana, fiel reflejo de las luchas celestiales entre los dioses, titanes, héroes y ángeles, que representan el Bien y el Mal y de las cuales nos hablan todas las mitologías.
Ya entonces, en la mente de Lucas estaba clara la epopeya mítica que nos quería contar, a lo largo de tres trilogías:
Gracias al viaje hiperespacial, los mundos comienzan a interrelacionarse. La formación de un gobierno parlamentario, en el que están representados todos los planetas civilizados conocidos, da paso a un extenso período de paz y expansión cósmica. Pero este se ve ensombrecido cuando unos exploradores llegan hasta el Imperio Sith, dominado por los Señores Oscuros, que extraen su poder del Reverso Tenebroso de la Fuerza. Comienzan así una serie de destructivos enfrentamientos con las fuerzas republicanas y los Jedis.
Cuarenta siglos después de que los Sith parezcan haber sido destruidos, en La amenaza fantasma (episodio I) su Oscuridad reaparece, encarnada en Darth Maul y Darth Sidious, alter ego del senador Palpatine, que ha sido iniciado por un espíritu Sith. Valiéndose de conflictos auspiciados por él, consigue ser nombrado Canciller Republicano, destruye la democracia y se sitúa a la cabeza de un Imperio totalitario.
Se mantendrá en el poder con el apoyo de Anakin. Siendo éste un niño, dos Jedis descubren que la Fuerza tiene en él un desarrollo extraordinario, intuyendo que podría ser el Elegido que está profetizado traerá el equilibrio a la Fuerza. Pese a la oposición del Consejo Jedi le entrenan como un caballero de esta Orden…
Los expertos consideran que La venganza de los Sith es la más simbólica de las seis películas que integran las dos trilogías de Star Wars hasta ahora realizadas. En ella podemos ver ejemplificada la fina línea que separa el «Bien» del «Mal» y –entre otras muchas cosas– nos invita a discernir entre las emociones y pensamientos que nos conectan con la Parte Luminosa de nuestro ser y las que nos conducen al Lado Oscuro, así como a descubrir el autoengaño.
No es casual que haya habido propuestas de crear una Iglesia Jedi. Ni que algunos fundamentalistas cristianos hayan visto en esta saga –con bastante razón filosófica (refrendada por detalles como el nombre de la nave del conde Dooku: Geonosis)– influencias gnósticas, maniqueas, epicúreas y panteístas, cuyas repercusiones sobre el público ellos consideran anticristianas.
Por el contrario, el reverendo Russell Smith, de Cincinnati, utiliza esta saga como una ayuda para predicar el evangelio. Y también tiene toda la razón, además de mayor apertura mental que los cristianos totalitarios: Star Wars es una versión futurista del evangelio eterno, que encontramos representado en las más variadas religiones y que alcanza su máxima expresión con el drama crístico.
El mensaje de Star Wars es una síntesis prodigiosa de mitos procedentes de las épocas y culturas más diversas, cuya profunda unidad han puesto en evidencia estudiosos como Mircea Eliade o Joseph Campbell, de quien George Lucas se confesó apasionado lector.
De la misma manera que Campbell ha aplicado la psicología profunda de Jung al análisis de los mitos, varios autores –como Henderson, Hanson, John, Galipeau, Porter o Bortolin, cuyas obras en inglés pueden localizarse en Amazon a través de Internet– han realizado interesantes análisis de los contenidos mitológicos y místicos de Star Wars. La intención mítica de Lucas resulta tan evidente que, desde el comienzo de la saga, descubrí –y lo expresé en sucesivos artículos– que la trayectoria de Luke Skywalker es típica de lo que se conoce como el viaje del héroe, como –en menor medida– lo será la vida de su padre. Me limitaré a citar algunos ejemplos que nos permitan entender la abundante presencia en esta saga de elementos procedentes de las mitologías, la psicología profunda y las tradiciones esotéricas, de los que ya hemos hablado (AÑO/CERO, 82, 110 y 143):
l La transmisión directa e ininterrumpida de secretos y poderes entre maestro y aprendiz, propia de cualquier tradición iniciática, es común a los Jedi y a los Sith.
l Se trata de dos Órdenes de monjes-guerreros, como los templarios, los teutónicos y, sobre todo, los Shaolin chinos y los sohei japoneses. Como todos aquéllos, ninguno de ellos tiene pareja, si bien los Jedis cuentan con mujeres en su seno.
l Similar al Consejo de maestros ancianos Shaolin, el Consejo Jedi, encargado de mantener la armonía y la paz en la galaxia, es el equivalente del Círculo Interno de la Humanidad o Gran Logia Blanca, en el que creen los ocultistas occidentales. Al igual que ésta estaría formada por los maestros invisibles, que influyen sobre la humanidad desde otro plano, los desaparecidos Yoda, Obi-Wan y Anakin-Vader acompañan desde el más allá al adepto Luke que, tras superar su iniciación, se ha convertido en habitante de dos mundos.
l Los poderes psíquicos de los Jedi son razonablemente limitados. Aunque pueden mover objetos o penetrar en las mentes de otros, no adivinan que el Senador es Darth Sidious, que Anakin y la Princesa están casados, ni que van a ser padres, pese a la alteración de la Fuerza que esto supone.
l El verdadero protagonista de la saga es Anakin-Vader, presentado como un mesías oscuro que –más allá de su voluntad– cumple su siniestro destino sembrando la destrucción y engendrando un hijo que iniciará un Orden Nuevo Luminoso… Me estremece pensar en las ocultas resonancias que esta alegoría podría tener con los acontecimientos planetarios venideros.
l Como docenas de Salvadores de todas las culturas, Anakin tiene Algo que le diferencia radicalmente, predestinándole, y es hijo de una madre virgen que le anima en sus desafíos; pero él no logra superar la culpabilidad que le provoca su egoísta separación de ésta, vengando enloquecidamente su muerte, de la que se considera culpable…
l Su transformación es un ejemplo magnificado de cómo la Sombra –ese rostro oscuro y reprimido de nuestro ser– puede acabar dominándonos y anulando plenamente nuestra parte luminosa, debido al orgullo, la búsqueda de poder, el temor, la venganza y otros malos sentimientos.
l Su caída nos recuerda a la de los ángeles y dioses rebeldes, que en algunas tradiciones parecen acabar atrapados en lo material. De hecho, la muerte de Anakin es una escena apocalíptica, en la oscuridad y entre ríos de lava rojiza: un verdadero descenso a los infiernos, del que vuelve no transmutado en un ser de Luz como los grandes avatares, sino como una encarnación del Mal que no es sino la cristalización de los aspectos más oscuros de sí mismo.
l Como muchos dioses y héroes míticos, Anakin resucita. Pero no lo hace por sí mismo; es el Emperador quien –por medios artificiales– le hace renacer como el oscuro, mecánico y vampiresco Darth Vader.
l Cuando el mesías Anakin-Vader mata al Emperador y acaba así con los Sith, tras ser rescatado de la Oscuridad por el amor de su hijo Luke, se cumple la profecía Yedi según la cual el Elegido devolvería el equilibrio a la Fuerza. Así se cierra el ciclo, con lo cual cabe suponer que Lucas renunciará a realizar una tercera trilogía.
l Luke es esa nueva esperanza, a la que alude el título del pionero «episodio IV»: tentado por su padre para convertirse en su sucesor dentro de la jerarquía maléfica, acaba superando las pruebas iniciáticas que aquél no logró pasar, le redime y luego hará renacer la Orden Jedi.
l Para mí la más profunda belleza de esta saga reside en que la primera trilogía simboliza la caída primordial de un hijo de Dios, su alejamiento de la Fuente Luminosa, su aprisionamiento en la Oscuridad y en un cuerpo mecánico; mientras en la segunda asistimos a su reintegración en la Luz Una, redimido por el amor de-y-hacia su hijo. Vemos así que Anakin se comporta como un Lucifer que –al clamar «¡quién como yo!», orgulloso de su perfección, pero falto de amor y perdón hacia sí mismo– se rebela contra sus maestros que sirven al Orden luminoso. Por el contrario, Luke encarna al Salvador que vence todas las pruebas y redime al Universo y a su propio padre.
l Casi cada personaje y cada secuencia de esta serie parece encarnar un arquetipo o un símbolo importante. Me limitaré a señalar, como ejemplos, la transformación del egoísta Han Solo cuando renace tras ser congelado en carbón, o la forma en que su compañero, el peludo Chewie, encarna el modelo del Hombre Salvaje, omnipresente en cuentos y leyendas.
l Se han realizado también análisis comparativos entre Star Wars y el ciclo artúrico. Así, con variaciones temáticas que no afectan a la similitud de los arquetipos, los Jedi podrían ser los equivalentes a los caballeros de la Tabla Redonda, Yoda el de Merlín, Luke el de Arturo, Han Solo el de Lancelot, Anakin sería Uterpendragon y Darth Vader, Sir Mordred. Aunque más interesantes aún resultan los paralelismos entre algunas escenas de ambas sagas y de las leyendas de Carlomagno, como ya explicamos en AÑO/CERO, 143.
En su página web SithNET, Juan Alberto Alonso Solares ha investigado exhaustivamente las fuentes de inspiración, fundamentalmente extremo-orientales, en las que parecen haber bebido George Lucas y su equipo para crear los personajes, sus nombres, vestimentas y atributos. Veamos brevemente otros ejemplos:
l El nombre de la Orden Jedi podría provenir de una palabra japonesa con profunda significación: jidai, que significa época o período. Algunos se preguntan si esto se debe a que la saga Star Wars habría sido concebida como un forma occidental y futurista de jidai-geki (teatro de época) o jidai-mono (obra de época), uno de los géneros dramáticos pertenecientes al kabuki.
l Los Jedi parecen claramente inspirados en los monjes Shaolin chinos, contando como aquéllos –y como los masones– con tres grados, correspondientes al aprendiz, al discípulo y al maestro. Sus apariencias externas, vestiduras y armas parecen calcadas de tradiciones chinas y japonesas.
l El nombre de Qui-Gon Jinn, parece proceder del qi-gong o chi-kung, conjunto de prácticas energéticas y respiratorias que se encargan inicialmente de desarrollar el jing (esencia de la materia) para luego convertirlo en chi (energía) y que éste fortalezca nuestro shen (espíritu o conciencia), conocidos como los tres tesoros del taoísmo, filosofía religiosa que es la más profunda fuente de inspiración de esta saga.
l Obi-Wan Kenobi, el aprendiz de Qui-Gon y el maestro de Anakin, parece derivar su nombre de obi (cinturón japonés que llevan algunos Jedis) y de Tokyo-Wan.
l Yoda podría proceder del sánscrito yuddha (guerrero), pero también es un nombre y apellido japonés muy común.
l El nombre de Padmé, bajo el cual se oculta la reina Amidala en el episodio I, es hindú y significa flor de loto rosa; mientras que sus vestiduras y peinados son chinos, mongoles y japoneses.
l Los cascos de Darth Wader y algunos de sus lugartenientes se inspiran nítidamente en los kabuto de los samurai japoneses.
l Pero, sobre todo, el concepto de la Fuerza es una inteligente mezcla del Chi, Qi o Ki, energía de la que hablan los taoístas y sus herederos chinos y japoneses, y su Principio Único, o Tao, dentro del cual se hallan los dos extremos, el Yin y el Yang, correspondientes al Lado Oscuro y al Luminoso de la Fuerza Única.
Ciertamente, también podríamos buscar fuentes de inspiración para esta saga basadas en la política-ficción. Por poner un solo ejemplo, muy evidente, las estratagemas del senador Palpatine, provocando secretamente el bloqueo del planeta Naboo y luego las guerras clon para finalmente hacerse nombrar emperador, nos recuerdan a G. W. Bush utilizando el trágico ataque terrorista del 11-S para llevar a cabo determinados planes políticos, estratégicos y económicos. Aunque el estreno del episodio III ha provocado comentarios de este género en la prensa norteamericana, si tenemos en cuenta que el episodio I fue rodado más de dos años antes del 11-S, podría tratarse de toda una premonición, con un título bastante elocuente: La amenaza fantasma.
akasico.com
el tío Palpatine-mors...
Hace mucho tiempo, en una galaxia muy, muy lejana…». Estas palabras, propias de un cuento de hadas o de un mito, nos introducen a un espacio ilocalizable y a un tiempo atemporal, propios de las mitologías y que existen en las profundidades de nuestra imaginación y del inconsciente colectivo. Con ellas comenzaba en 1977 Star Wars IV: Una nueva esperanza, traducida en España como La guerra de las galaxias.
Los rótulos con estas explicaciones preliminares se perdían en la lejanía y daban paso a la oscuridad y al vacío, con los que comienzan el Génesis bíblico y otras cosmogonías sagradas. A continuación, venían las explicaciones e imágenes que nos introducían a las guerras estelares entre el Imperio y la resistencia republicana, fiel reflejo de las luchas celestiales entre los dioses, titanes, héroes y ángeles, que representan el Bien y el Mal y de las cuales nos hablan todas las mitologías.
Ya entonces, en la mente de Lucas estaba clara la epopeya mítica que nos quería contar, a lo largo de tres trilogías:
Gracias al viaje hiperespacial, los mundos comienzan a interrelacionarse. La formación de un gobierno parlamentario, en el que están representados todos los planetas civilizados conocidos, da paso a un extenso período de paz y expansión cósmica. Pero este se ve ensombrecido cuando unos exploradores llegan hasta el Imperio Sith, dominado por los Señores Oscuros, que extraen su poder del Reverso Tenebroso de la Fuerza. Comienzan así una serie de destructivos enfrentamientos con las fuerzas republicanas y los Jedis.
Cuarenta siglos después de que los Sith parezcan haber sido destruidos, en La amenaza fantasma (episodio I) su Oscuridad reaparece, encarnada en Darth Maul y Darth Sidious, alter ego del senador Palpatine, que ha sido iniciado por un espíritu Sith. Valiéndose de conflictos auspiciados por él, consigue ser nombrado Canciller Republicano, destruye la democracia y se sitúa a la cabeza de un Imperio totalitario.
Se mantendrá en el poder con el apoyo de Anakin. Siendo éste un niño, dos Jedis descubren que la Fuerza tiene en él un desarrollo extraordinario, intuyendo que podría ser el Elegido que está profetizado traerá el equilibrio a la Fuerza. Pese a la oposición del Consejo Jedi le entrenan como un caballero de esta Orden…
Los expertos consideran que La venganza de los Sith es la más simbólica de las seis películas que integran las dos trilogías de Star Wars hasta ahora realizadas. En ella podemos ver ejemplificada la fina línea que separa el «Bien» del «Mal» y –entre otras muchas cosas– nos invita a discernir entre las emociones y pensamientos que nos conectan con la Parte Luminosa de nuestro ser y las que nos conducen al Lado Oscuro, así como a descubrir el autoengaño.
No es casual que haya habido propuestas de crear una Iglesia Jedi. Ni que algunos fundamentalistas cristianos hayan visto en esta saga –con bastante razón filosófica (refrendada por detalles como el nombre de la nave del conde Dooku: Geonosis)– influencias gnósticas, maniqueas, epicúreas y panteístas, cuyas repercusiones sobre el público ellos consideran anticristianas.
Por el contrario, el reverendo Russell Smith, de Cincinnati, utiliza esta saga como una ayuda para predicar el evangelio. Y también tiene toda la razón, además de mayor apertura mental que los cristianos totalitarios: Star Wars es una versión futurista del evangelio eterno, que encontramos representado en las más variadas religiones y que alcanza su máxima expresión con el drama crístico.
El mensaje de Star Wars es una síntesis prodigiosa de mitos procedentes de las épocas y culturas más diversas, cuya profunda unidad han puesto en evidencia estudiosos como Mircea Eliade o Joseph Campbell, de quien George Lucas se confesó apasionado lector.
De la misma manera que Campbell ha aplicado la psicología profunda de Jung al análisis de los mitos, varios autores –como Henderson, Hanson, John, Galipeau, Porter o Bortolin, cuyas obras en inglés pueden localizarse en Amazon a través de Internet– han realizado interesantes análisis de los contenidos mitológicos y místicos de Star Wars. La intención mítica de Lucas resulta tan evidente que, desde el comienzo de la saga, descubrí –y lo expresé en sucesivos artículos– que la trayectoria de Luke Skywalker es típica de lo que se conoce como el viaje del héroe, como –en menor medida– lo será la vida de su padre. Me limitaré a citar algunos ejemplos que nos permitan entender la abundante presencia en esta saga de elementos procedentes de las mitologías, la psicología profunda y las tradiciones esotéricas, de los que ya hemos hablado (AÑO/CERO, 82, 110 y 143):
l La transmisión directa e ininterrumpida de secretos y poderes entre maestro y aprendiz, propia de cualquier tradición iniciática, es común a los Jedi y a los Sith.
l Se trata de dos Órdenes de monjes-guerreros, como los templarios, los teutónicos y, sobre todo, los Shaolin chinos y los sohei japoneses. Como todos aquéllos, ninguno de ellos tiene pareja, si bien los Jedis cuentan con mujeres en su seno.
l Similar al Consejo de maestros ancianos Shaolin, el Consejo Jedi, encargado de mantener la armonía y la paz en la galaxia, es el equivalente del Círculo Interno de la Humanidad o Gran Logia Blanca, en el que creen los ocultistas occidentales. Al igual que ésta estaría formada por los maestros invisibles, que influyen sobre la humanidad desde otro plano, los desaparecidos Yoda, Obi-Wan y Anakin-Vader acompañan desde el más allá al adepto Luke que, tras superar su iniciación, se ha convertido en habitante de dos mundos.
l Los poderes psíquicos de los Jedi son razonablemente limitados. Aunque pueden mover objetos o penetrar en las mentes de otros, no adivinan que el Senador es Darth Sidious, que Anakin y la Princesa están casados, ni que van a ser padres, pese a la alteración de la Fuerza que esto supone.
l El verdadero protagonista de la saga es Anakin-Vader, presentado como un mesías oscuro que –más allá de su voluntad– cumple su siniestro destino sembrando la destrucción y engendrando un hijo que iniciará un Orden Nuevo Luminoso… Me estremece pensar en las ocultas resonancias que esta alegoría podría tener con los acontecimientos planetarios venideros.
l Como docenas de Salvadores de todas las culturas, Anakin tiene Algo que le diferencia radicalmente, predestinándole, y es hijo de una madre virgen que le anima en sus desafíos; pero él no logra superar la culpabilidad que le provoca su egoísta separación de ésta, vengando enloquecidamente su muerte, de la que se considera culpable…
l Su transformación es un ejemplo magnificado de cómo la Sombra –ese rostro oscuro y reprimido de nuestro ser– puede acabar dominándonos y anulando plenamente nuestra parte luminosa, debido al orgullo, la búsqueda de poder, el temor, la venganza y otros malos sentimientos.
l Su caída nos recuerda a la de los ángeles y dioses rebeldes, que en algunas tradiciones parecen acabar atrapados en lo material. De hecho, la muerte de Anakin es una escena apocalíptica, en la oscuridad y entre ríos de lava rojiza: un verdadero descenso a los infiernos, del que vuelve no transmutado en un ser de Luz como los grandes avatares, sino como una encarnación del Mal que no es sino la cristalización de los aspectos más oscuros de sí mismo.
l Como muchos dioses y héroes míticos, Anakin resucita. Pero no lo hace por sí mismo; es el Emperador quien –por medios artificiales– le hace renacer como el oscuro, mecánico y vampiresco Darth Vader.
l Cuando el mesías Anakin-Vader mata al Emperador y acaba así con los Sith, tras ser rescatado de la Oscuridad por el amor de su hijo Luke, se cumple la profecía Yedi según la cual el Elegido devolvería el equilibrio a la Fuerza. Así se cierra el ciclo, con lo cual cabe suponer que Lucas renunciará a realizar una tercera trilogía.
l Luke es esa nueva esperanza, a la que alude el título del pionero «episodio IV»: tentado por su padre para convertirse en su sucesor dentro de la jerarquía maléfica, acaba superando las pruebas iniciáticas que aquél no logró pasar, le redime y luego hará renacer la Orden Jedi.
l Para mí la más profunda belleza de esta saga reside en que la primera trilogía simboliza la caída primordial de un hijo de Dios, su alejamiento de la Fuente Luminosa, su aprisionamiento en la Oscuridad y en un cuerpo mecánico; mientras en la segunda asistimos a su reintegración en la Luz Una, redimido por el amor de-y-hacia su hijo. Vemos así que Anakin se comporta como un Lucifer que –al clamar «¡quién como yo!», orgulloso de su perfección, pero falto de amor y perdón hacia sí mismo– se rebela contra sus maestros que sirven al Orden luminoso. Por el contrario, Luke encarna al Salvador que vence todas las pruebas y redime al Universo y a su propio padre.
l Casi cada personaje y cada secuencia de esta serie parece encarnar un arquetipo o un símbolo importante. Me limitaré a señalar, como ejemplos, la transformación del egoísta Han Solo cuando renace tras ser congelado en carbón, o la forma en que su compañero, el peludo Chewie, encarna el modelo del Hombre Salvaje, omnipresente en cuentos y leyendas.
l Se han realizado también análisis comparativos entre Star Wars y el ciclo artúrico. Así, con variaciones temáticas que no afectan a la similitud de los arquetipos, los Jedi podrían ser los equivalentes a los caballeros de la Tabla Redonda, Yoda el de Merlín, Luke el de Arturo, Han Solo el de Lancelot, Anakin sería Uterpendragon y Darth Vader, Sir Mordred. Aunque más interesantes aún resultan los paralelismos entre algunas escenas de ambas sagas y de las leyendas de Carlomagno, como ya explicamos en AÑO/CERO, 143.
En su página web SithNET, Juan Alberto Alonso Solares ha investigado exhaustivamente las fuentes de inspiración, fundamentalmente extremo-orientales, en las que parecen haber bebido George Lucas y su equipo para crear los personajes, sus nombres, vestimentas y atributos. Veamos brevemente otros ejemplos:
l El nombre de la Orden Jedi podría provenir de una palabra japonesa con profunda significación: jidai, que significa época o período. Algunos se preguntan si esto se debe a que la saga Star Wars habría sido concebida como un forma occidental y futurista de jidai-geki (teatro de época) o jidai-mono (obra de época), uno de los géneros dramáticos pertenecientes al kabuki.
l Los Jedi parecen claramente inspirados en los monjes Shaolin chinos, contando como aquéllos –y como los masones– con tres grados, correspondientes al aprendiz, al discípulo y al maestro. Sus apariencias externas, vestiduras y armas parecen calcadas de tradiciones chinas y japonesas.
l El nombre de Qui-Gon Jinn, parece proceder del qi-gong o chi-kung, conjunto de prácticas energéticas y respiratorias que se encargan inicialmente de desarrollar el jing (esencia de la materia) para luego convertirlo en chi (energía) y que éste fortalezca nuestro shen (espíritu o conciencia), conocidos como los tres tesoros del taoísmo, filosofía religiosa que es la más profunda fuente de inspiración de esta saga.
l Obi-Wan Kenobi, el aprendiz de Qui-Gon y el maestro de Anakin, parece derivar su nombre de obi (cinturón japonés que llevan algunos Jedis) y de Tokyo-Wan.
l Yoda podría proceder del sánscrito yuddha (guerrero), pero también es un nombre y apellido japonés muy común.
l El nombre de Padmé, bajo el cual se oculta la reina Amidala en el episodio I, es hindú y significa flor de loto rosa; mientras que sus vestiduras y peinados son chinos, mongoles y japoneses.
l Los cascos de Darth Wader y algunos de sus lugartenientes se inspiran nítidamente en los kabuto de los samurai japoneses.
l Pero, sobre todo, el concepto de la Fuerza es una inteligente mezcla del Chi, Qi o Ki, energía de la que hablan los taoístas y sus herederos chinos y japoneses, y su Principio Único, o Tao, dentro del cual se hallan los dos extremos, el Yin y el Yang, correspondientes al Lado Oscuro y al Luminoso de la Fuerza Única.
Ciertamente, también podríamos buscar fuentes de inspiración para esta saga basadas en la política-ficción. Por poner un solo ejemplo, muy evidente, las estratagemas del senador Palpatine, provocando secretamente el bloqueo del planeta Naboo y luego las guerras clon para finalmente hacerse nombrar emperador, nos recuerdan a G. W. Bush utilizando el trágico ataque terrorista del 11-S para llevar a cabo determinados planes políticos, estratégicos y económicos. Aunque el estreno del episodio III ha provocado comentarios de este género en la prensa norteamericana, si tenemos en cuenta que el episodio I fue rodado más de dos años antes del 11-S, podría tratarse de toda una premonición, con un título bastante elocuente: La amenaza fantasma.
akasico.com
el tío Palpatine-mors...