Morsjanuavitae
08/02/2009, 21:55
Comienzo por explicar que el término Metanoia significa en Griego "cambio de mente"; es decir una transformación que nos modifica desde lo esencial, proyectándose por ende, hacia todo lo demás. Algo así como las ondas que se prodúcen al arrojar una piedra en un estanque.
Son vibraciones de un conocimiento nuevo que no dejan área de nuestro ser sin modificar.
Porque no solo es un conocimiento nuevo, tiene como base fundante una experiencia, que por lo irrepetible, nos marca, nos modifica y aún nos emociona, más allá del transcurso los años...
Esto sucedió un día gris, -supongo que de otoño o invierno-, allá por mediados del 90.
Yo me encontraba en Banfield, en la casa de un amigo, cuando éste me propuso ir hasta las inmediaciones del Cementerio de Lomas de Zamora para buscar unos cassettes que alguien debía devolverle.
Como estaba aburrido y sin mayores expectativas, acepté y pronto estuvimos rumbo al lugar citado.
No voy a negar, que como la casa de esta persona quedaba a escasa cuadra del cementerio, me pasó la idea de hacerme una escapadita; pero el objetivo era otro, pasar a recoger los cassettes y volver.
Era domingo.
Cuando llegámos y tocamos timbre, nos respondieron que aquel a quien ibamos a buscar no se encontraba y no sabían a que hora retornaría.
De más está decir, que ahí mismo, mientras volvíamos para tomar el colectivo de vuelta, le sugerí a mi amigo que podíamos pasar por el cementerio, ya que el colectivo partía justo de su entrada principal...
Estuvo de acuerdo y nos sumergimos entre miles de tumbas, criptas y bóvedas.
No más entrar, recuerdo que pensé, (yo todavía formaba parte de la iglesia evangélica por aquel entónces) "Dios, te pido que me guíes a la tumba de mi madre, porque la verdad es que no tengo idea de dónde se halle".
Lo cual era verdad porque reconózco que solo había asistido al entierro allá por agosto del 87 y en la situación de amargura que me embargaba no había prestado la menor atención a la ubicación o a algún punto de referencia.
Caminamos y caminamos. El tiempo se tornaba a cada momento más desapacible por lo que decidimos ir al panteón donde se encontraba el nicho del padre de mi amigo.
Permanecimos unos momentos allí y luego retomamos la infructuosa búsqueda.
Fue entónces que se me ocurrió "pedir directamente ayuda a mi madre", dado que al parecer mi oración inicial no había sido escuchada.
Le dije interiormente: "Mamá, si podés guiáme al lugar en que se encuentran tus restos, porque hace rato que buscamos y no quiero irme sin ver tu tumba"...
Continuó la caminata, entre callejuelas sembradas de cruces de toda clase y material y alguna que otra lápida tallada, pero nada.
Ya había oscurecido, y a más de esto se había largado una fina garúa que presagiaba algo peor; por lo que enfilamos, ténuemente iluminados por algunas luces dispersas, hacia la salida, habida cuenta de que ya estaban por cerrar las puertas.
Tomamos una de esas avenidas por las que entran los coches fúnebres.
Para ese momento no quedaba más que hacer sino salir y abordar el colectivo.
De pronto, no me pregúnten por qué, me giré sobre mi derecha y empecé a recorrer una hilera de tumbas; mi amigo hizo lo propio en la hilera que estaba justo delante de la que yo había escogido. (que yo había escogido dije?)...
Llegué al final de esta y giré en la dirección que venía mi acompañante inspeccionándo los nombres de quienes (más bien cuyos restos) estaban enterrados.
En un punto quedamos enfrentados de tal forma que era imposible a cualquiera de los dos avanzar sin chocarse con el otro.
Mi amigo me miró con resignación e hizo un gesto negativo; yo hice lo mísmo e incliné mi rostro hacia mi izquierda.
Nos habíamos detenido exactamente frente a la tumba de mi madre.
No hubo palabras más que un gesto con mi mano indicando a mi amigo el sorprendente hallazgo.
Estuvimos ahí por algunos segundos que parecieron más largos de lo que con seguridad fueron.
Luego nos dirigimos a la salida y de ahí a la parada del colectivo. Ninguno de los dos habló durante el trayecto; seguramente estabamos entre el pasmo, buscando alguna respuesta, que no encontramos, más que la que se presentaba como única contestación plausible: Mi madre me había oído.
Saludos
el tío Mors.
Son vibraciones de un conocimiento nuevo que no dejan área de nuestro ser sin modificar.
Porque no solo es un conocimiento nuevo, tiene como base fundante una experiencia, que por lo irrepetible, nos marca, nos modifica y aún nos emociona, más allá del transcurso los años...
Esto sucedió un día gris, -supongo que de otoño o invierno-, allá por mediados del 90.
Yo me encontraba en Banfield, en la casa de un amigo, cuando éste me propuso ir hasta las inmediaciones del Cementerio de Lomas de Zamora para buscar unos cassettes que alguien debía devolverle.
Como estaba aburrido y sin mayores expectativas, acepté y pronto estuvimos rumbo al lugar citado.
No voy a negar, que como la casa de esta persona quedaba a escasa cuadra del cementerio, me pasó la idea de hacerme una escapadita; pero el objetivo era otro, pasar a recoger los cassettes y volver.
Era domingo.
Cuando llegámos y tocamos timbre, nos respondieron que aquel a quien ibamos a buscar no se encontraba y no sabían a que hora retornaría.
De más está decir, que ahí mismo, mientras volvíamos para tomar el colectivo de vuelta, le sugerí a mi amigo que podíamos pasar por el cementerio, ya que el colectivo partía justo de su entrada principal...
Estuvo de acuerdo y nos sumergimos entre miles de tumbas, criptas y bóvedas.
No más entrar, recuerdo que pensé, (yo todavía formaba parte de la iglesia evangélica por aquel entónces) "Dios, te pido que me guíes a la tumba de mi madre, porque la verdad es que no tengo idea de dónde se halle".
Lo cual era verdad porque reconózco que solo había asistido al entierro allá por agosto del 87 y en la situación de amargura que me embargaba no había prestado la menor atención a la ubicación o a algún punto de referencia.
Caminamos y caminamos. El tiempo se tornaba a cada momento más desapacible por lo que decidimos ir al panteón donde se encontraba el nicho del padre de mi amigo.
Permanecimos unos momentos allí y luego retomamos la infructuosa búsqueda.
Fue entónces que se me ocurrió "pedir directamente ayuda a mi madre", dado que al parecer mi oración inicial no había sido escuchada.
Le dije interiormente: "Mamá, si podés guiáme al lugar en que se encuentran tus restos, porque hace rato que buscamos y no quiero irme sin ver tu tumba"...
Continuó la caminata, entre callejuelas sembradas de cruces de toda clase y material y alguna que otra lápida tallada, pero nada.
Ya había oscurecido, y a más de esto se había largado una fina garúa que presagiaba algo peor; por lo que enfilamos, ténuemente iluminados por algunas luces dispersas, hacia la salida, habida cuenta de que ya estaban por cerrar las puertas.
Tomamos una de esas avenidas por las que entran los coches fúnebres.
Para ese momento no quedaba más que hacer sino salir y abordar el colectivo.
De pronto, no me pregúnten por qué, me giré sobre mi derecha y empecé a recorrer una hilera de tumbas; mi amigo hizo lo propio en la hilera que estaba justo delante de la que yo había escogido. (que yo había escogido dije?)...
Llegué al final de esta y giré en la dirección que venía mi acompañante inspeccionándo los nombres de quienes (más bien cuyos restos) estaban enterrados.
En un punto quedamos enfrentados de tal forma que era imposible a cualquiera de los dos avanzar sin chocarse con el otro.
Mi amigo me miró con resignación e hizo un gesto negativo; yo hice lo mísmo e incliné mi rostro hacia mi izquierda.
Nos habíamos detenido exactamente frente a la tumba de mi madre.
No hubo palabras más que un gesto con mi mano indicando a mi amigo el sorprendente hallazgo.
Estuvimos ahí por algunos segundos que parecieron más largos de lo que con seguridad fueron.
Luego nos dirigimos a la salida y de ahí a la parada del colectivo. Ninguno de los dos habló durante el trayecto; seguramente estabamos entre el pasmo, buscando alguna respuesta, que no encontramos, más que la que se presentaba como única contestación plausible: Mi madre me había oído.
Saludos
el tío Mors.