elbotas2008
11/03/2009, 16:07
Allá por las afueras de la ciudad de México, con dirección a Toluca, ahi se encuentra uno con los arbolados cerros en la actualidad muy visitados y cuyo parque nacional mas conocido es el de "La Marquesa". Ahi cuentan que en ciertos pueblos aledaños se hablaba de un charro que ocasionalmente cabalgaba por esos lugares y el encuentro con este personaje era tan enigmático como inesperado.
En alguna ocasión, una señora a la que llamaban para auxiliar a las mujeres durante el parto escuchó que llamaban insistentemente a su puerta. Ya era entrada la noche, por lo que abrió la puerta con cierta reserva, pero grande fue su sorpresa al encontrarse con un hombre vestido de charro que le pidió que lo acompañara para ayudar a parir a una mujer. La señora tomó su rebozo, se encomendó a la santísima virgen y después de montar el caballo que estaba amarrado de la rama de un árbol afuera de su casa, acompañó al jinete a donde esta la llevó, rezando un santo rosario en el camino.
Siendo de noche, la señora no reconoció los rumbos por donde el charro cabalgó, y llegó a un sencillo cuartito donde había varias señoras y la futura madre que con quejas y lamentos se aguantaba el dolor y las contracciones por el futuro parto, ella, le dijeron, era la esposa del charro. La señora partera, conocedora de esos menesteres, hizo lo que siempre a la futura madre, la bañaba, le refrescaba la frente con una tela. Fue pasando la noche las señoras ayudaban a la mujer metiéndola a la bañera, respirando, la futura madre se dormía entre contracción y contracción, hacía ruidos, jadeaba, etc. La señora partera dambulaba por la casa el charro la acompañaba cuando ella salía y le preguntaba como iban las cosas.
En un momento la partera salió del cuarto a refrescarse un momento, y le explicaba al charro lo que pasaba.
Depués de mucho esperar la madre sintió que el niño salía, después de un quejido que mas bien fue un alarido, el niño nació.
Todos se pusieron contentos, incluso el charro quien reconocía sus propios rasgos en el bebé a pesar de estar todavía inflamado.
Pasó todo y el charro devolvió a la señora a su casa sin decir palabra, pero cuando dejó a la señora en su casa se despidió de ella, le dio un costalito de monedas de oro y le advirtió a laseñora que guardara como un secreto lo que pasó esa noche, pues no viviría para contarlo.
Indignada y también estremeciéndose de miedo por la advertencia, la señora se apresuró a meterse a su casa. Esperó a que se fuera el charro, esperaba escuchar las pisadas del caballo, pero no escuchaba nada.
Pasaron los minutos y se asomó para descubrir que el charro y el caballo no estaban.
La confusión y el recelo por lo que había pasado le duraron varios dias a la señora, pues no sabía si había soñado el suceso o habia sucedido realmente. Sin embargo el costalito con que le había pagado el charro ahí estaba y no sabía que hacer con las monedas de oro, pues no sabía su origen.
Después de varias semanas estaba como ausente, las señoras la saludaban y ella las miraba extrañada, invadida por dudas y miedos.
Asi llegó el dia en que platicó con una vecina lo que había pasado esa noche y después de presignarse la vecina le aconsejó que llevara las monedas a la iglesia y que no contara a nadie más lo que había pasado. La partera dicen que siguió el consejo hay quienes la vieron dirigirse a la iglesia.
Sin embargo, a la mañana siguiente la señora ya no despertó, amaneció sin vida. Dicen algunos que se escuchó cabalgar al charro. Lo cierto que se cumplió la advertencia del jinete, quien le advirtió que no contara sobre el misterioso alumbramiento. Del dinero, tampoco se supo nada. Tal vez el charro regresó por el dinero, quien sabe.
En alguna ocasión, una señora a la que llamaban para auxiliar a las mujeres durante el parto escuchó que llamaban insistentemente a su puerta. Ya era entrada la noche, por lo que abrió la puerta con cierta reserva, pero grande fue su sorpresa al encontrarse con un hombre vestido de charro que le pidió que lo acompañara para ayudar a parir a una mujer. La señora tomó su rebozo, se encomendó a la santísima virgen y después de montar el caballo que estaba amarrado de la rama de un árbol afuera de su casa, acompañó al jinete a donde esta la llevó, rezando un santo rosario en el camino.
Siendo de noche, la señora no reconoció los rumbos por donde el charro cabalgó, y llegó a un sencillo cuartito donde había varias señoras y la futura madre que con quejas y lamentos se aguantaba el dolor y las contracciones por el futuro parto, ella, le dijeron, era la esposa del charro. La señora partera, conocedora de esos menesteres, hizo lo que siempre a la futura madre, la bañaba, le refrescaba la frente con una tela. Fue pasando la noche las señoras ayudaban a la mujer metiéndola a la bañera, respirando, la futura madre se dormía entre contracción y contracción, hacía ruidos, jadeaba, etc. La señora partera dambulaba por la casa el charro la acompañaba cuando ella salía y le preguntaba como iban las cosas.
En un momento la partera salió del cuarto a refrescarse un momento, y le explicaba al charro lo que pasaba.
Depués de mucho esperar la madre sintió que el niño salía, después de un quejido que mas bien fue un alarido, el niño nació.
Todos se pusieron contentos, incluso el charro quien reconocía sus propios rasgos en el bebé a pesar de estar todavía inflamado.
Pasó todo y el charro devolvió a la señora a su casa sin decir palabra, pero cuando dejó a la señora en su casa se despidió de ella, le dio un costalito de monedas de oro y le advirtió a laseñora que guardara como un secreto lo que pasó esa noche, pues no viviría para contarlo.
Indignada y también estremeciéndose de miedo por la advertencia, la señora se apresuró a meterse a su casa. Esperó a que se fuera el charro, esperaba escuchar las pisadas del caballo, pero no escuchaba nada.
Pasaron los minutos y se asomó para descubrir que el charro y el caballo no estaban.
La confusión y el recelo por lo que había pasado le duraron varios dias a la señora, pues no sabía si había soñado el suceso o habia sucedido realmente. Sin embargo el costalito con que le había pagado el charro ahí estaba y no sabía que hacer con las monedas de oro, pues no sabía su origen.
Después de varias semanas estaba como ausente, las señoras la saludaban y ella las miraba extrañada, invadida por dudas y miedos.
Asi llegó el dia en que platicó con una vecina lo que había pasado esa noche y después de presignarse la vecina le aconsejó que llevara las monedas a la iglesia y que no contara a nadie más lo que había pasado. La partera dicen que siguió el consejo hay quienes la vieron dirigirse a la iglesia.
Sin embargo, a la mañana siguiente la señora ya no despertó, amaneció sin vida. Dicen algunos que se escuchó cabalgar al charro. Lo cierto que se cumplió la advertencia del jinete, quien le advirtió que no contara sobre el misterioso alumbramiento. Del dinero, tampoco se supo nada. Tal vez el charro regresó por el dinero, quien sabe.