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mojo1975
05-02-2010, 01:47
Los que deseen ver aparecer al diablo en la culminación de su gloria infernal no tienen más que efectuar algunas sencillas operaciones.

Primeramente se. debe elegir una noche adecuada: del lunes al martes, o bien del viernes al sábado. Es necesario que la persona que desee ver al diablo se sitúe en un lugar maldito, como, por ejemplo, un cementerio frecuentado por espíritus inquietos, o en una siniestra ruina, o por lo menos en la puerta de un convento abandonado.

Naturalmente, no se puede ir vestido de forma normal. Hay que ponerse una especie de sayo negro sin costuras y sin mangas, y en la cabeza se debe llevar un trozo de plomo con el símbolo de Saturno grabado en él, aunque también valen los de la Luna o Venus. Es indispensable haber ayunado durante quince días, pero no completamente: por la tarde se debe comer pan negro y sangre de cabrito, teniendo la obligación de emborracharse cada cinco días con una infusión de vino, amapolas negras y cáñamo triturado.

En este estado físico y psíquico hay que efectuar, según las normas de la magia, las invocaciones negras: dos velas encendidas junto a un recipiente que contenga sangre de cabrito y en el cual se haya puesto incienso, ámbar gris y esto*raque (bálsamo que se obtiene con la resina de una planta oriental), y poniendo alrededor cuatro clavos del ataúd de un ejecuta90, la cabeza de un gato negro que se haya alimentado durante cinco días con sangre humana, un murciélago ahoga*do en sangre y carne descompuesta de una cabra, además del cráneo de un parricida.

En este punto deberá formularse una frase mágica (conocida solamente por magos y por brujas), y mientras todos los animales de los alrededores aúllen de dolor, mientras tremen*das ráfagas de viento agiten los árboles, aparecerá Satanás, el señor de las tinieblas, ante su adorador.

Por lo menos esto es lo que afirman muchos iniciados a la magia negra. Pero no se tienen noticias seguras de que alguien que hubiese efectuado un rito semejante haya conseguido que el diablo le hiciera caso.

Este fracaso, dicen los iniciados, se debe a que se han pasado por alto algunos de los elementos exigidos o que se han empleado de una manera inexacta.

Algunos textos antiguos de la magia negra dan unas instrucciones análogas a las expuestas anteriormente, pero más refinadas.



He aquí las que siguen. Es necesario:



- profanar las ceremonias del culto al que se pertenece, injuriando a los símbolos más sagrados;


- efectuar un sacrificio sangriento (de un animal, pero debe ser un animal doméstico);



- conseguir una horca mágica (una rama de nogal o de almendro cortada de un solo tajo con un cuchillo de hierro que haya sido utilizado para efectuar el sacrificio; la vara debe terminar en forma de horca y estar serrada a su vez con una horca de hierro hecha con la misma hoja que el cuchillo);



- ayunar durante cinco días, permitiéndose tan sólo, después de la puesta de sol, una comida que debe consistir en pan negro, sangre de animal o de hombre mezclada con especias y hierbas narcóticas; además hay que emborra*charse, siempre después de la puesta del sol, con vino, en el que deben mezclarse, durante cinco horas, cinco cabe*zas de amapola negra trituradas en un paño tejido por una prostituta o una mujer de vida relajada.



Justo en el decimoquinto día (no importa que sea viernes, domingo, o miércoles, etc.) se procede a la invocación, que, como es obvio, debe ser hecha en un lugar solitario, siendo lo más preferible realizarla en un cementerio, en una ruina aisla*da, en la sacristía de un convento o de una iglesia abandonados, o bien, mejor todavía, en un lugar en donde haya sido cometido un asesinato con cuchillo.

El traje debe ser negro, sin costuras y sin mangas, llevan*do sobre la cabeza una especie de medalla de plomo adornada con los signos de la Luna, Venus y Saturno; es necesario tener dos velas elaboradas con sebo humano que deben ser colocadas sobre unos candelabros en forma de media luna de madera negra, dos coronas de verbena, la horca mágica, una espada con el mango negro, un jarro de cobre que contenga la sangre de la víctima sacrificada, y otro para los «perfumes» (incienso, alcanfor, áloe, ámbar gris, sangre de cabrito, ratón y murciélago). No deben faltar los clavos arrancados del ataúd de un ejecutado, la cabeza de un gato negro nutrido con sangre humana, un murciélago ahogado en sangre, los cuer*nos de un macho cabrío y, para finalizar, un trípode con un brasero.

En el lugar elegido, los objetos deber ser colocados de la siguiente manera:

Primeramente, con la espada se debe trazar un círculo perfecto sobre el suelo dejando un lugar de salida o rotura. Dentro del círculo se señala un triángulo coloreado con sangre. En el ángulo superior del triángulo se pone el brasero; en la base opuesta se trazan tres pequeños círculos dentro de los cuales permanecerá inmóvil el oficiante y dos de sus ayudantes.

El oficiante debe haber llevado consigo la piel de la víctima inmolada, cortada en tiras largas que deben disponerse en el gran círculo, fijándolas en los ángulos con los clavos sacados del ataúd de un ejecutado; junto a los clavos, pero fuera del círculo, se sitúan la cabeza del gato negro, el cráneo del ahorcado, los cuernos del macho cabrío y el murciélago; todo esto debe salpicarse de abedul impregnado de sangre de la víctima. En este momento debe encenderse una pequeña hoguera con ramas de ciprés y cañas. Las dos velas colocadas en sus respectivos candelabros en forma de media luna se sitúan a la derecha y a la izquierda del oficiante y en el centro de las coronas de verbena.

Mientras el fuego arde, las velas brillan, los olores se extienden y los ayudantes se cubren la cara, el oficiante formula la frase mágica, que dice así: «Por Adonai, Elohim, Adonai, Yahvé, Adonai, Sabaoth, Metraton on Agla, Adonai, Mathon... Verbum pythonieum mysterium salamandros, conventus sylphorum, antra gnomorum, daemonia coeli Gad, Almousin, Gibor, Jehosua... Evam Zariatnatmik... Veni, veni, vem».

Esta fórmula de invocación debe ser repetida varias veces levantando la voz y apresurando el ritmo, añadiendo imprecaciones, amenazas y expresiones blasfemas, hasta que el espíritu conteste.

De improviso, se alzará un viento de tormenta, los animales, en el espacio de un kilómetro, serán presa de terror, y he aquí que los ayudantes advertirán un helado y fétido soplo sobre la cara, sus cabellos se pondrán de punta, sus frentes quedarán empapadas por un sudor frío y un temblor convulsi*vo agitará todos sus miembros.

El Maligno aparecerá en aquel instante y se quedará junto al oficiante.

Si el ritual diabólico ha sido perfectamente realizado, se señalará un pacto doble sobre la piel del macho cabrío con una pluma de hierro llena de sangre que el oficiante extraerá de su brazo izquierdo, o bien del brazo izquierdo de sus ayudantes, según su elección.

Satanás se llevará el original del contrato, según el cual se compromete a hacer poderoso al mago que lo haya invocado y a su secta maldita, comprometiéndose también; como es obvio, a que estos efectúen con éxito sus propósitos; la otra copia del contrato quedará en manos del oficiante y nadie deberá veda.

El que haya pactado con Satanás pertenecerá eternamente a la legión infernal.

Las antiguas crónicas afirman que la escrupulosa observancia de este ritual ha hecho muchas veces aparecer al diablo y que se ha llegado a firmar incluso contratos diabólicos. Al menos, los testimonios de los asistentes al acto así parecen explicarlo.

Tan sólo queda por decir que el oficiante, en todos los casos, era ya una persona conocida por sus conocimientos de magia, mientras que los ayudantes eran tan sólo unos pobres fanáticos, o súcubos, que estaban durante toda la ceremonia con la cara tapada por la túnica.



Una estrella de cinco puntas



Todo esto hace recordar la leyenda de Fausto. Hay quien dice que Goethe era un aficionado a la magia, que estaba al corriente de muchas cosas. Se dice, por ejemplo, que su obra La serpiente verde demuestra cómo bajo una narración nor*mal se esconden enseñanzas mágicas.

Sin embargo, es preciso hacer constar que en todas las empresas mágicas, ya sean de magia blanca o de magia negra, el oficiante y sus asistentes deben observar el ayuno, el silencio y la castidad. Muchos estudiosos llegan a decir que la invocación de la potencia del Bien o del Mal es una posibilidad humana; que, además, la Fuerza, la potencia primordial, es neutra, y que está a disposición del hombre, el cual puede emplearla para efectuar obras benéficas o bien maléficas; sólo él puede decidido, ya que está a su libre arbitrio.

Es un hecho que el ceremonial, sea de una obra de luz 0 de una obra de las tinieblas, aparece sensiblemente similar.

Veamos los ritos del conciliábulo gnóstico, nada diabólico, que se han transmitido en Alemania en una asociación conocida con el nombre de Mopses. En esta asociación se reemplaza al macho cabrío por un perro, cuando se acoge en la secta a un candidato o candidata (son admitidas también las mujeres), y se le lleva a la reunión del consejo con los ojos vendados. Cuando el recién admitido llega al sitio de reunión, los demás hacen un ruido endiablado a su alrededor, como si imitasen el viento tormentoso o los aullidos de las bestias aterrorizadas. De repente, se hace el silencio y se le pregunta al candidato si tiene miedo; a la respuesta, como es lógico, negativa, se le pregunta si prefiere besar la parte posterior del Gran Maestro o la del Mopses, que es una minúscula figurita que representa a un perro, cubierta con una tela de seda y que sus*tituye al antiguo ídolo del macho cabrío de Mendes.

La doctrina de los mopses se resume en el culto del amor y de la libertad.

Otro punto común es el uso durante determinadas empresas mágicas de pieles. La pieles de los linces, de las panteras y de los gatos aparecen siempre, en el momento oportuno, sobre los hombros de los oficiantes. Es una deformación del ritual que existía en la corte de los faraones: durante sus ceremonias, los magos solían cubrirse el pecho, es decir, el plexo solar, con una piel de animal, preferiblemente de pantera, con el fin de distanciarse del mundo exterior, ya que se opinaba que las pieles aislaban a las personas de las radiaciones maléficas.

Además, el símbolo de la magia, blanca o negra, es el pentáculo o estrella de cinco puntas. Cuando una de las puntas se dirige al cielo, representa la proyección del hombre con los brazos y las piernas separados.

Así, situada sobre el techo de paja del pesebre natalicio, la estrella simboliza la naturaleza humana del niño Jesús. Es, por tanto, el símbolo del bien. Si, en cambio, aparece invertida, con las dos puntas hacia arriba y una hacia abajo, representa la imagen del macho cabrío de la goecia, es decir, de la magia negra.

Es, consecuentemente, el símbolo de depravación intelectual o moral. El hombre con la cabeza hacia abajo está privado de equilibrio y lleno de desorden y locura: en una palabra, condenado. .

El pentáculo es también conocido con el nombre de microcosmos, ya que en su completa inteligencia se halla la clave de los dos mundos.

Para prepararlo reglamentariamente, según el ritual, debe ser trazado en oro, sobre un mármol blanco, y si faltan estas materias, con bermellón sobre una piel de cordero sin junturas y sin manchas.

El mármol debe ser virgen, es decir, que no debe haber sido utilizado anteriormente.

La piel de cordero tiene que haber sido preparada bajo los auspicios del sol, después de haber matado al animal en la época pascual, con un cuchillo nuevo; la piel debe ser trabaja*da con sal consagrada mediante una operación mágica.

De este modo se debe extender, rociado con agua bendita, y se seca la piel con humo de cinco esencias: incienso, azufre, alcanfor, áloe y mirra; se sopla cinco veces sobre el dibujo mágico pronunciando el nombre de cinco genios: Gabriel, Rafael, Amael, Odiel y Samuel. Después se sitúa la estrella alternativamente en tierra; primero al norte, después al sur, al este y al oeste, y en el centro de la cruz astronómica, pronun*ciando en voz baja los nombres de Alef y de Tau, reunidos en el símbolo cabalístico de Azot.

El oficiante debe siempre llevar encima de él la figura del macrocosmos, es decir, la estrella de seis puntas, formada por dos triángulos entrelazados y superpuestos, llamada también sello de Salomón.

Si se invoca a un espíritu de luz, la cabeza del pentagrama debe girarse hacia el norte; hacia el punto diametralmente opuesto cuando se invoca a un espíritu de las tinieblas. El mago debe poner la punta de la espada (de mango negro) o la horca serrada con el mango de madera, sobre la punta de la estrella de cinco puntas.

Una sola negligencia en los preparativos de la ceremonia mágica, además de comprometer su éxito, puede dar lugar a corrientes extraordinariamente dañinas. En efecto, las fuerzas de concentración gastadas inútilmente pueden rebelarse en contra del oficiante.

He aquí por qué los magos, los brujos y las brujas siempre

han tenido como norma principal trazar el signo del pentáculo en el umbral de sus casas para impedir a los espíritus malig*nos o las corrientes de retorno que penetren en ellas. Los dibujos y las formas tienen en la magia una .importancia capital.

En sus operaciones mágicas, los antiguos multiplicaban los signos del binario teniendo constantemente presente la ley del equilibrio.

Estos preparaban dos altares para sus invocaciones, inmolaban a dos víctimas (una blanca y otra negra) mientras el mago mantenía en una mano una espada y en la otra una horca y tenía un pie desnudo y el otro calzado. Pero siendo el binario equilibran te, por ley estática, hacía falta ser tres o bien uno, en una obra mágica, ya sea de beneficio o de maleficio.

http://www.mimundogotico.es/satanismo6.htm