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    Senior Member Investigador Novato Avatar de perséfone
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    Aug 2009
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    Predeterminado Los Grandes Mosaicos Bizantinos De Ravena

    Los mosaicos de San Vital


    Las relaciones de la ciudad de Ravena con el oriente del Mediterráneo fueron constantes ya desde el siglo V, como gran puerto de la flota del mar Adriático. De su importancia da testimonio el florecimiento artístico que se produjo desde el segundo cuarto de este siglo. Los conjuntos de mosaicos que decoran sus edificios son muy valiosos para comprender el cambio sutil pero evidente que, a lo largo de esta centuria y hasta llegar a los tiempos de la conquista bizantina en el año 540, se produce en el arte del mosaico. En realidad, este cambio no es otra cosa que la manifestación del proceso lento de gestación de la personalidad artística del lenguaje figurativo bizantino.
    En efecto, mientras que las obras más antiguas, como los mosaicos del mausoleo de Gala Placidia, pertenecientes al segundo cuarto del siglo V, y los del baptisterio de la catedral, también llamado «de los Ortodoxos», obra de mediados de la misma centuria, son obras maestras del arte paleocristiano en las que la tradición helenística, los hábiles «contrappostos» de las figuras y el interés por los fondos de arquitecturas y vegetación son evidentes, en la transición al siglo VI, en tiempos del rey ostrogodo Teodorico, se aprecian signos claros del proceso de cambio que conduce a la eclosión del lenguaje bizantino.
    Tanto en el baptisterio de los Arrianos como en la capilla arzobispal, obras de esta segunda época de hacia el año 520, se hace notar una evidente simplificación y esquematización de los plegados de las telas y unas líneas de contorno que delimitan con mayor vigor las distintas zonas cromáticas. Al tiempo, los fondos dorados van adquiriendo mayor entidad, hasta cobrar un absoluto protagonismo frente a los paisajes.
    La comparación del tema del Bautismo de Cristo que aparece en las cúpulas de ambos baptisterios, de los Ortodoxos y de los Arrianos, es concluyente: la gracia del cortejo de apóstoles que rodean la escena principal de aquél es sustituida en éste por idéntico cortejo, aunque menos individualizado en sus diferentes personajes y más hierático en sus escorzos. Al mismo tiempo, también se incluye entre estos últimos el tema de la Etimasia o trono vacío esperando la Segunda Venida definitiva de Cristo de la que habla el Apocalipsis, una referencia iconográfica que, a través de Bizancio, se difundirá por todo el Occidente medieval.
    Se ha querido marcar una diferencia estilística en el baptisterio de los Arrianos entre el medallón central, en que se representa el Bautismo de Cristo y aparecen la figura de san Pedro y el trono vacío, que corresponderían a una primera fase decorativa del tiempo de Teodorico, y el resto del cortejo triunfal, que habría sido realizado posteriormente, ya en la época de Justiniano.
    Idéntica evolución se puede apreciar en el rico conjunto de mosaicos de las naves laterales de la iglesia de San Apolinar el Nuevo, entre los recuadros superiores realizados hacia el año 520, en los que se reproducen los milagros de Cristo y el ciclo de su Pasión, y los cortejos del registro inferior, obra posterior, de hacia el año 561. Éstos están formados por el séquito de los santos, representados en el muro sur partiendo de una arquitectura que evoca el palacio de Teodorico, y el séquito de las santas precedidas por los Reyes Magos, que procede de la ciudad portuaria de Classe, en el muro norte. Unos y otras convergen respectivamente ante Cristo Pantocrátor y la Virgen y el Niño.
    Por otra parte, el ábside de la iglesia de San Apolinar in Classe, decorado entre los años 535 y 549, presenta una filiación bizantina madura en el tema simbólico de la Transfiguración de Cristo, presidida por el retrato orante del santo patrono de la iglesia. Mientras que los profetas Moisés y Elías aparecen representados físicamente de busto, Cristo y los apóstoles lo están bajo forma de cruz «gemmatta» -recubierta de gemas- y tres corderos, respectivamente.
    La composición se rige por una estricta simetría en cuyo eje se sitúa San Apolinar flanqueado por un cortejo de doce corderos que representan a los fieles. La escena se desarrolla en un paisaje totalmente intelectualizado, en el que rocas, vegetación y nubes se desintegran en unidades autónomas simbólicas y la ilusión perspectiva, los efectos de luz y el naturalismo propios de la Antigüedad clásica han desaparecido.

    La obra maestra de este gran conjunto ravenático es, sin duda, la decoración del interior de la iglesia de San Vital. Lamentablemente, sólo se conservan el conjunto correspondiente al ábside y el tramo recto que le precede, pues el resto de la decoración fue sustituido por un conjunto de pinturas al fresco de época moderna.
    Estos mosaicos fueron terminados el año 547 o 548, ya que éstas son las fechas que se conocen de la consagración de la iglesia por el obispo Maximiano. Son representativos del preciosismo del mosaico bizantino y de cómo el espacio generado por la arquitectura se transforma, de la mano de los artistas musivaras, en un microcosmos ordenado y jerarquizado donde se expresa la idea de la omnipotencia de Dios, la presencia de su Hijo en la tierra y la prefiguración de su sacrificio, y, por último, la indiscutible autoridad de origen divino del emperador, como representante de Dios entre los hombres.
    El análisis estilístico de sus escenas permite valorar la fusión de elementos helenísticos y orientales en un equilibrio entre la realidad idealizada y la solemnidad hierática y expresiva.
    En una lectura de abajo a arriba y desde la nave hacia el ábside, encontramos los temas siguientes: el intradós del arco de acceso al presbiterio presenta una serie de medallones con figuras en su interior en los que aparecen Cristo Pantocrátor flanqueado por delfines, símbolo de origen clásico evocador de la Resurrección, y los apóstoles y los santos Gervasio y Protasio. El Pantocrátor responde al tipo iconográfico siriaco oriental, con pelo negro hasta los hombros y barba, y fija su poderosa mirada en el espectador desde la clave del arco.
    Los laterales del ábside estructurados en dos pisos, abiertos a la nave deambulatorio por medio de tres arcos de medio punto levemente peraltados, presentan escenas del Antiguo Testamento como prefiguración de la venida de Cristo, que aparece como víctima del sacrificio para la salvación de los hombres.
    En el luneto inferior del lado norte, se representan la hospitalidad de Abraham para con los ángeles y la figura del patriarca en el momento en que detiene su cuchillo, a punto de sacrificar a su hijo Isaac, ante la orden de Dios, cuya voluntad aparece representada por una mano que emerge de las nubes. Sobre estas escenas dispuestas sin elemento separador, en composición cristalina, aparecen, en las enjutas, Jeremías y Moisés y, en el centro, la Cruz con las letras griegas «alfa» y «omega», expresivas de la divinidad, principio y fin de todas las cosas, sostenida por dos ángeles que forman una «imago clipeata» o composición de clípeo.
    En el segundo piso, los evangelistas Juan y Lucas aparecen representados con sus símbolos correspondientes, el águila y el toro. Por encima de ellos, dos cráteras de las que salen guirnaldas vegetales con pámpanos, uvas y aves picando en ellas, en claro significado eucarístico, culminan con una cruz gemada dentro de un medallón.
    En el muro sur, y siguiendo un estricto paralelismo con lo anterior, se encuentran los sacrificios de Abel y Melquisedec, flanqueados por las figuras de Moisés, que aparece representado dos veces, vigilando el rebaño y ante la zarza ardiendo, y de Isaías. Sobre ellos, los evangelistas Mateo y Marcos acompañados del ángel y el león, e idénticas cráteras envolviendo la cruz.
    El presbiterio está cubierto por una bóveda de arista, revestida también de mosaicos y perfectamente adecuada a las formas arquitectónicas: las aristas están decoradas por guirnaldas de frutas y flores que parten de cuatro pavos reales, animal que es presentado como símbolo de la Resurrección de Cristo y de la inmortalidad del alma.
    En la clave, y dominando todo el espacio, la representación del Cordero Místico, flanqueado por cuatro ángeles dispuestos en cruz, y representativo del Hijo de Dios como víctima para el sacrificio, en un alineamiento perfecto con el Pantocrátor del arco de acceso y el Cristo Cosmocrátor del ábside.
    Los plementos de la bóveda están tapizados con roleos vegetales animados con aves, sobre un fondo de oro.
    El espacio absidal está dedicado a la representación de Cristo Cosmocrátor, gobernador del mundo, sentado sobre el cosmos y los cuatro ríos del Paraíso, flanqueado en un esquema de simetría absoluta por dos ángeles y san Vital, patrono de la iglesia, quien recibe la corona, y el obispo Eclesius, constructor del templo, que presenta a Cristo su iglesia. Los personajes, presentados en un único plano de profundidad, destacan sobre un fondo dorado y caminan sobre un discreto paisaje ordenado y descriptivo. En este caso, la iconografía de Cristo responde al modelo helenístico de joven imberbe e idealizado.
    El Cosmocrátor se alza literalmente sobre la representación de los dos cortejos imperiales en el nivel inferior, formados por el emperador Justiniano y su esposa Teodora. Justiniano aparece en el lado norte, asistido por la Iglesia representada en la figura del obispo Maximiano, a su izquierda, y el ejército con la figura probable de Belisario y sus soldados, a su derecha. En el lado sur, la emperatriz Teodora, vestida con ricas ropas y joyas bizantinas y acompañada de sus damas, se dirige a presentar en ofrenda al altar un cáliz de oro, semejante a las ofrendas presentadas al Niño por los Reyes Magos, tema que se detalla en la decoración bordada de la banda inferior de su vestido.
    Esta descripción detallada de uno de los más importantes conjuntos pictóricos del arte medieval es muy expresiva de la madurez iconográfica del siglo VI bizantino y de la consolidación de una personalidad artística propia. En ella se aúnan elementos de una muestra elocuente con otros de diversa procedencia, en un compromiso que define y definirá artísticamente a Bizancio hasta su desaparición.

    Fuente: http://www.elforolatino.com
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  2. #2
    Senior Member Super Agent Avatar de arcangel
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    Predeterminado Re: Los Grandes Mosaicos Bizantinos De Ravena

    como siempre vane, que buen material...ya con tanto material que pasastes me arme un librito jejejejeje....muchas gracias amiga por tan buena info que brindas...un besote grande....gracias por el post..

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