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    Predeterminado Sacerdote juzgado y ahorcado por una turba.

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    Aunque en el valle de Toluca jamás ha sido costumbre embalsamar a los muertos, algunos cadáveres se han preservado y momificado de manera natural, como lo demuestra la colección de momias- tres adultos y tres menores- que se exhibe en el Museo de Historia Natural de la Universidad Autónoma del Estado de México.
    El más reciente hallazgo ocurrió en una cueva del cerro de El Calvario, hace medio siglo, al ser encontrada una momia a la que el vulgo bautizó como "María Félix" y cuyo paradero actual se ignora.
    Cinco de las seis momias del museo fueron halladas en el municipio de Almoloya de Juárez a finales del siglo XIX. El presidente municipal, Luís Carmona, las remitió a Toluca para que formaran parte del museo de antigüedades y objetos curiosos del Instituto Científico y Literario. Se trata de una familia campesina: una mujer adulta (María Reyna), su nuera y tres pequeños nietos.
    La sexta momia está rodeada de enigmas y fue pretexto del mayor escándalo religioso de su época, se supone que pertenece a un sacerdote de vida licenciosa apodado "El padre Botello", por su desmedida afición al vino y por haber sido un asediador implacable de honras y virtudes femeninas.
    Dos autores se han encargado de investigar y difundir la leyenda del padre Botello: Luís Camarena González, entomólogo y taxidermista, y Luís Antúnez Rebollar, educador y artista plástico. Ambos lo describen como un tipo moralmente descalificado y abrigan la sospecha de que en realidad no fuera sacerdote, sino vulgar impostor.
    El profesor Camarena no revela fuentes de información, pero el profesor Antúnez se basa en un manuscrito del señor Heliodoro Hernández, sacristán del templo de El Ranchito, citado en un libro por el padre Ricardo Crespo, superior de los pasionistas en Toluca.
    La narración del profesor Camarena ubica los hechos en el siglo XIX, mientras que el profesor Antúnez, siguiendo las notas del sacristán, afirma que la historia se desarrolla durante los años de la Revolución Mexicana. Ambos autores coinciden, sin embargo, en que el padre Botello cometió graves desmanes al cumplir una misión evangélica en los alrededores de Zinacantepec y San Antonio Acahualco.
    El falso pastor se presentó un día ante el superior del templo de El Ranchito, que en aquel tiempo era el padre León, y dijo llamarse José Sánchez. Afirmaba ser de nacionalidad española y haber sobrevivido a la destrucción de un templo en el pueblo de Comitán, Chiapas.
    En el desempeño de sus oficios religiosos, el padre Botello exhalaba permanentemente aliento alcohólico y andaba en busca de enredos amorosos, sin distinguir edad ni condición de las mujeres que cortejaba, por lo que varias veces fue acusado de atentar contra el pudor de recatadas damas.
    El superior del templo, disgustado, le impuso como castigo la misión de catequizar a los pobladores de San Antonio Acahualco, pero fue como soltar un lobo en la pradera, pues a partir de entonces el padre Botello se dedicó a perseguir y seducir a cuanta mujer tuvo la desgracia de cruzarse en su camino. Su conducta escandalosa y disipada, unida a su alcoholismo, hizo palidecer las debilidades atribuídas al padre Amaro por el novelista Eca de Quéiroz.
    Indignados por tales atropellos, algunos vecinos de la región acudieron a El Ranchito a quejarse y tratar de castigar al padre Botello, pero el sacristán Heliodoro Hernández le franqueó a éste un pasadizo secreto que comunicaba al convento, con lo que le salvó la vida y a la vez le mostró el camino hacia las monjas.
    El padre León, francamente preocupado, decidió pedir información al Consulado de España sobre los antecedentes del padre José Sánchez, sin obtener respuesta, lo cual le hizo sospechar que había sido víctima de un vil engaño. Al llamar a cuentas al impostor, después de agria discusión lo obligó a confesar que su verdadero nombre era Francisco Gonzáles y era conocido como el padre Paco, lo cual tampoco se pudo comprobar.
    A partir de entonces, los hechos se precipitaron hacia un final trágico, pues el padre Botello multiplicó sus aventuras galantes provocando que la furia colectiva se desbordara y que una multitud enardecida llegara hasta El Ranchito para perseguirlo, y como el sacristán se encontraba ausente y no pudo abrirle la puerta del refugio secreto, los vecinos atraparon al burlador y lo llevaron encadenado hasta el lugar de sus fechorías.
    El tribunal encargado de juzgarlo se instaló en el Rancho de Capardillas, en Zinacantepec, hasta donde llegaron padres, hermanos y esposos de las víctimas a declarar como testigos de cargo.
    El padre Botello no tuvo defensa posible y fue sentenciado a muerte. Sus verdugos lo colgaron en la rama principal de un árbol hasta que murió asfixiado. El profesor Camarena hace notar que el rictus de dolor y la lengua de fuera que se observan en el rostro de la momia son claros indicios de muerte por ahorcamiento.
    Existe desacuerdo sobre el lugar donde fue encontrada la momia, pues mientras algunos sostienen que fue en el Rancho de Capardillas, por el rumbo de Zinacantepec, al parecer existe un documento que señala su procedencia del antiguo cementerio de San Diego, en Toluca. De cualquier modo, la leyenda del padre Botello es una de las más populares de la región.

    Fuente: http://www.oem.com.mx/esto/notas/n941227.htm
    Última edición por elbotas2008; 06-06-2012 a las 17:56

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