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    Senior Member Meritorio Avatar de claudio
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    Post Las siete puertas del infierno en Mendoza

    Cuenta la leyenda que en toda metrópoli hay siete puertas que conducen directo al infierno. Son portales ocultos, siniestros, secretos, pero como todo lo relacionado con el diablo, están a la vista de cualquiera, solo basta buscar para encontrar. Y Mendoza no está exenta de ellas.
    Estas puertas se abren todas las noches... a las 3 de la mañana en punto y liberan por la ciudad a las más nefastas almas, que se encargan de atormentar, confundir, tentar y hostigar a propios y ajenos de la ciudad. Como una horda de alimañas hambrientas, los demonios se cuelan entre las galerías, en los locales, en los semáforos solitarios de la noche, entran por las ventanas de los departamentos, por las hendijas de las puertas de los cafés, por las cerraduras de las farmacias de turno y los tugurios de mala muerte.
    Suelen poseer por algunos minutos u horas a esas almas débiles o depresivas, tristes, arruinadas o melancólicas, para hacerlos cometer atrocidades de todo tipo. Se meten dentro del cuerpo de los taxistas y los transforman en violentos conductores suicidas o en mudos y momificados fantasmas vacíos e insulsos. Se les aparecen a los locos que deambulan errantes por las calles del centro para asustarlos y muchas veces instarlos al suicidio o a cometer actos vandálicos, como orinar paredes o defecar en la puerta de las iglesias urbanas. Cuando una pareja discute luego de las 3 de la mañana en la ciudad, sin duda un demonio se mete dentro de uno de los dos y hace que se ponga violento o escurridizo. En los bares se les mete a las mozas lindas, para ningunear y tratar con desprecio a los clientes solitarios, que buscan en el refugio del alcohol la solución a sus desdichas y desamores. En boliches de mala muerte y antros bailables está en cada una de las mujeres hermosas, para defenestrar a todo desdichado poco agraciado que intente encarar, porque el demonio es débil ante la belleza ajena, así que solo hace sufrir a los mártires del cortejo, aquellos acostumbrados a los fracasos sentimentales. Los más afectados psicológicamente por los demonios son los ludópatas nocturnos, quienes sienten la necesidad física de apersonarse en los casinos luego de la hora maldita a jugarse sueldos, hipotecar inmuebles y prendar autos, padeciendo todos los sinsabores de este espantoso vicio. Están en todos los actos nefastos, en todo asesinato, en todo suicidio, en todo robo o acción violenta. Son los demonios los culpables de todas las atrocidades que se comenten en el centro de las metrópolis por las noches. Solo ellos.
    Además, las horrorosas puertas, suelen abrirse al público en general en algunas oportunidades, para que personas corrientes ingresen... y una vez dentro... una vez dentro suceden los más macabros festines demoníacos, como fiestas negras, farras prohibidas, bailes diabólicos, sacrificios sexuales, espectáculos de magia negra y todo tipo de rituales paganos.
    Las puertas son confusas y nadie tiene claro dónde llevan, porqué están ahí o que sentido tienen. Pero están... desde tiempos inmemorables.
    Hay una forma, solo una, de cerrar estas puertas. Pero el sacrificio que esto conlleva es prácticamente imposible de llevar a cabo. Tiene que entrar un menor puro, virgen, libre de pecados de cuerpo y alma, en el momento preciso en que las puertas se abren, a la hora maldita, y cerrarlas desde el lado de adentro, quedando atrapado para siempre. Cada puerta que se cierra aumentaría el flujo de demonios en las restantes aún abiertas, por lo que el sacrificio sería cada vez mayor al ir cerrando puertas. Incluso al cerrar seis, la séptima sería custodiada por el mismísimo Diablo. Habría que conseguir muchos jóvenes mártires que deseen entregar su vida por la sociedad y que a cambio reciban la condena eterna de ser atormentados por los siglos de los siglos, dentro del más miserable infierno. Incluso la batalla que se libraría en las últimas puertas sería brutal y sangrienta. Las puertas están ahí muchísimo antes de la construcción de la sociedad, que edificó sobre ellas.
    Cuando escuché la leyenda decidí comenzar a investigar... y creo haber encontrado seis de las siete puertas. Decidí comenzar preguntando en el lugar céntrico más sagrado de la ciudad de Mendoza: la Iglesia de los Jesuitas. No puedo nombrar al cura con el que hablé por motivos obvios, pero me llevé una gran sorpresa cuando me dijo que una de las puertas estaba en la mismísima Iglesia... y la habían intentado tapiar inútilmente. Del otro lado no había absolutamente nada... la puerta no llevaba a ningún sitio...
    El cura me dijo... “otra puerta está en el baño del café más viejo de la ciudad. Yo no se cuál es, pero dicen que uno de los mozos, el más viejo, sabe donde hay más puertas”.
    Recorrí más de cinco cafés antiguos, hasta que rendido me detuve en el Automóvil Club Argentino a descansar. Ahí le llamé por teléfono a mi amigo Hugo para que me de una mano, él es un bicho de ciudad, amante de los lugares nostálgicos... “estoy en el café de siempre” me dijo... y un presentimiento me atacó, al punto de sentirme un idiota por haberme olvidado de Via Veneto, el legendario café del centro.
    Llegue al café y ni siquiera saludé al Hugo, me fui derecho adentro, miré por todos lados, entonces entré al baño... y ahí la vi. Era obvio... había encontrado la segunda puerta.
    Me acerqué a la mesa de mi amigo que me miraba confundido... le pregunté por el mozo más antiguo y me señaló a un casi octogenario personaje. Sin chistar me arrimé al mozo...
    - Necesito hablar con usted un segundo – le dije.
    - ¿Café o cortado, con o sin media lunas o tortititas? - me dijo automático mirando a la nada.
    - No... es por otro asunto.
    - ¿Que asunto? - preguntó sin siquiera mirarme.
    - Las puertas del infierno de la ciudad... se que hay una en el baño – y de pronto sus ojos se incendiaron y me clavó una mirada penetrante.
    Me agarró del hombro con la energía de un joven y me empujó hacia la cocina del café, luego de preguntarme amenazante sobre lo que sabía, logré que se calmase, le conté que conocía la historia y que solamente quería documentarla. El mozo había padecido los tormentos infernales muchas veces, tantas que amerita una nota completa de su historia, cosa que más adelante contaré. Me dijo que jamás quiso investigar sobre el tema, pero que estaba seguro que una puerta estaba en la galería Tonsa.
    Al llegar a la galería, por una cuestión lógica, lo primero que hice fue ir hacia el subsuelo. Ahí encontré esta puerta... semiabierta.
    Al fotografiarla sentí algo extraño, como unos gritos detrás, mis manos comenzaron a temblar y sentí una punzada en el estómago... estaba solo. Me asusté y decidí que por ese día había sido suficiente. Las pesadillas que me acosaron por la noche no me dejaron dormir en paz.
    Por la mañana del día siguiente decidí recorrer la Peatonal desde la plaza Independencia hacia San Martín, esperando encontrar algo, ver alguna puerta, algo raro, no sabía que. En Internet no había absolutamente nada al respecto, ni en la biblioteca San Martín (donde presumí que podía haber alguna puerta), ni en el archivo del Diario Los Andes. Me detuve a pensar un poco en la fuente de Peatonal y San Martín... entonces miré hacia el norte y vi el Pasaje San Martín... una de las galerías más antiguas y clásicas de la ciudad. Entré a hablar con el conserje. Lo localicé y le conté la historia, me dijo que no sabía nada al respecto y que por favor me retirase del lugar... pude observar en su mirada nerviosismo y temor, algo lo había puesto incómodo. Yo llevaba el estuche de la cámara, así que apenas se dio cuenta me dijo...
    - No podes sacara fotos dentro de la galería, si no te vas, voy a llamar a la policía.
    Demasiado obvio que había algo raro, pero la actitud del hombre me hizo hacerle caso y caminar en dirección a la salida por San Martín. Metros antes de llegar observé hacia la derecha, las escaleras que subían a los pisos superiores. Ahí, entre los escalones, como un mamarracho de la ingeniería, ahí estaba la cuarta puerta... burlándose de todos los transeúntes, que no entienden su función. Si... esa extraña puerta en las escaleras del Pasaje San Martín es un portal del infierno.
    Saque la cámara del estuche y sentí un ruido a vidrio roto... la lente se trizó de punta a punta, mi cámara estaba arruinada. A lo lejos el guardia de seguridad me pegó un grito y se abalanzó hacia donde estaba, le hice una toma con el celular, salí corriendo y me perdí entre la gente. Caminé un par de cuadras, mirando hacia todos lados, asustado. No vi al guardia, pero de pronto alguien me tomó del hombro, desde atrás... era Manuel, ese viejo pelado, linyera y loco que anda con una colcha, barba y descalzo por la ciudad desde tiempos inmemorables, divagando entre lo confuso y lo real. Me miraba fijo, se abalanzó hacia mí y me dijo...
    - Están en las galerías... conozco dos más...
    - ¿Cómo sabes que las estoy buscando?
    - Porque vi cómo te quedaste frente a la puerta del Pasaje... y que le sacaste una foto - respondió.
    - Ya encontré una... está en la Tonsa... ¿la otra? - le dije sacándomelo un poco de encima, el aliento agrio y el olor denso me abrumaron.
    - ¿En la Tonsa?... No sabía que había una en la Tonsa, entonces conozco otras dos más, además de la del pasaje... ¡pero no te acerques! ¡no vayas! - me dijo sorprendido.
    - ¿Porqué? ¿que pasa? - pregunte asustado.
    - Mientras más te acercas, los demonios más te olfatean... van a seguir tu rastro... y te van a empezar a pasar cosas. Cosas malas. Se te van a parecer... vivos. Mirame a mí.. - me dijo al tiempo que se corrió unas metros para que observase su semblante... suerte de harapo viviente.
    - Me voy a cuidar, quedate tranquilo, pero tengo que publicar esto... ¿dónde están las otras dos puertas?
    - Pasando Genera Paz, en la misma cuadra... son dos galerías viejas, sobre esta misma vereda, antes de llegar a la alameda.
    Seguí mi camino, apenas pasé General Paz encontré la entrada a una galería, oculta entre carteles de “compro oro” y un café de mala muerte, me bastó atravesar el portal para ver no solamente la locación de la quinta puerta, sino el mismísimo inframundo, lúgubre y espeluznaste, clausurado para cualquier mortal...
    Nuevamente sentí los alaridos de fondo, me di cuenta que solo yo los oía, porque en el café nadie se inmutó, eran como lamentos, como gritos circenses. Otra vez la punzada en el estómago... tenía que terminar de encontrar las puertas indicadas. Escuché un trueno y todo se nubló, un aguacero típico de Mendoza comenzó a azotar la ciudad. Salí corriendo de aquel horroroso lugar, caminé unos metros más y encontré la galería Ruffo... este debe ser la puerta más aterradora de todas, la peor, un mareo me impidió seguir caminando, tuve que sentarme no sin antes tomar la última foto del día.
    Entonces se cortó la luz en la galería... todo comenzó a girar, salí como pude, entre el mareo y el dolor de panza, los gritos... los alaridos... todo era confuso. Paré un taxi y le pedí que me llevara a casa.
    Espere una semana para volver al centro. Me faltaba una sola puerta. No volví a ninguna de las locaciones anteriores, porque al acercarme sentía una sensación extraña en el cuerpo. No tenía forma de ubicar la última puerta más que la intuición. Pasé toda la tarde caminando hasta que se hizo de noche, me metí en un restaurante de la calle Las Heras, donde trabajaba un amigo. Le comenté un poco lo que estaba haciendo, primero me escuchó entre risas, hasta que le empecé a mostrar las fotos. Yo no me reía. Entonces se dio cuenta que hablaba en serio.
    A media noche nos despedimos, salí del restaurante en dirección hacia la playa donde tenía el auto, cuando de pronto un hombre me silbó, me arrimé hasta él...
    - Estaba comiendo dentro del restaurante y no pude evitar esucharte... he sentido la leyenda de las siete puertas - me dijo.
    - Si... yo encontré seis, me falta una – le contesté.
    - Si... la puerta que te falta está en el parque, pero yo te recomiendo que no la busques jamás – dijo al tiempo que una sonrisa macabra apareció como mueca.
    - ¿En el parque? ¿Porque no la puedo buscar? - pregunté preocupado.
    - Vos no la busques... - me dijo, dio media vuelta y se fue.
    Caí al piso... nuevamente el mareo, los gritos, la noche se empezó a oscurecer sobre mí... los lamentos, mis manos temblando, dolor de panza, dolor... dolor profundo, noche... oscuridad. Asfixia... me asfixiaba... todo negro.
    Amanecí al otro día en el hospital... me había descompensado misteriosamente. Suerte que mi amigo me había arrimado hasta el Central...
    Por ahora la séptima puerta tendrá que esperar... por lo menos hasta que tenga más respuestas.
    El Dr. Bomur nos deja una espeluznante historia sobre siete macabras puertas infernales esparcidas por la ciudad de Mendoza.

  2. #2
    Senior Member Investigador Novato Avatar de Tano
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    Predeterminado Re: Las siete puertas del infierno en Mendoza

    Al principio parecia un sermon evangelista, despues tomo forma. Pintoresca historia...
    Saludos.
    NO FEAR.
    NO LIMITS.
    NO RULES
    THE REAL FIGHT IS COMING.

  3. #3
    Senior Member Meritorio Avatar de claudio
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    Predeterminado Re: Las siete puertas del infierno en Mendoza

    SEGUNDA PARTE
    Una posible séptima puerta al infierno
    Después de casi dos años dedicándome a escribir relatos de ficción, trato de callar la fantasía con un buen tinte de realidad, para un escritor dos años son escasos meses… pero para mí todo lo que logre en este corto tiempo no tiene comparación. Como aficionada a la escritura, también me encanta leer, todo lo que se me cruza ante los ojos, nunca sabes donde podes encontrar tu nueva historia… Cuando de pronto leo la nota de mi querido amigo Bomur en internet, nunca dejo de leer ninguna, río a carcajadas, me informo, pero esta vez lo que nos contaba hacia que se me crispe la piel, que mi taza de café se enfríe mientras pensaba, ¿cómo puede ser esto verdad?, y si realmente lo era, ¿qué tan cerca estábamos de descubrirlo?
    La verdad que pasaron dos eternas noches sin dormir, donde le di vueltas al asunto, y ¡tome la decisión!, recorrer el centro, sacarme las dudas y en último lugar llamar a Bomur para que en cuerpo presente me cuente que fue exactamente lo que paso y como, leerlo a través de una computadora no me era suficiente…
    Mitad incrédula y otro cincuenta por ciento segura de lo que hacía, me levante esa mañana con muchas energías y salí con mi termo de café caliente, mi cuaderno y mis dos lapiceras al centro… algo iba a encontrar.
    Y la verdad que no encontré nada… nada más allá de lo que el Doctor ya nos había contado en su crónica de las “siete puertas del infierno”. Las vi, y hasta me acerque a ellas, algunas más accesibles que otras, la sensación era la misma que Bomur describía, pero tal vez eso me sucedía porque leí tantas veces esa maldita nota que sabía de memoria cada palabra, cada sensación; así que abandonando un poco esta idea decidí volver a casa, me di cuenta que todo lo que me sucedió simplemente se fue en susceptibilidades. Pero mientras esperaba el micro y repasaba esa famosa crónica semanal del Mendo mentalmente… me di cuenta que sentí algo, que en el casi mencionado guión no sucedía… Cuando me acerque a cada una de las seis puertas, casi a medio metro de ellas, sentí un calor irrefrenable y un hedor imposible de describir que jamás había olfateado en mi vida; entonces ahí me di cuenta que esto no era un chiste y que Bomur no nos estaba contando un relato de ficción, si no que acá había algo más, había “gato encerrado”… o más bien diablo encerrado.
    Gracias a la educación que recibí, y el entorno en el cual me crié soy muy creyente, así que invocando la protección de Dios ante esta sensación extraña, tome mi teléfono celular y desde la mismísima plaza independencia lo llamé. Él, ya bastante relajado, atendió el teléfono; le dije que quería hablar con el urgente si nos podíamos juntar lo antes posible… a medio día Bomur y yo estábamos sentados en la peatonal pidiendo una pizza para degustar mientras charlábamos de nuestro tema.
    - ¿Cómo se te ocurre venir a ver las puertas sola?, vos estás loca después de lo que yo conté, ¿no te da miedo?, mira si te pasa algo. – Me contó que su suerte por esos días no andaba muy bien que le robaron cuatro veces en una semana en distintos lugares, que perdió dos celulares, y que en su casa le dejaron de funcionar así de un día para otro las dos computadoras, la Tablet, el celular de su esposa, el teléfono fijo y hasta el baby call de su hija… ninguno de estos tiene arreglo, pero él prefiere creer que es solo coincidencia o mala racha.
    Cuando le comente la rara sensación de calor que tuve al acercarme a cada una de las puertas se quedó sin apetito y sin habla…
    Al reaccionar me pregunta, – ¿las tocaste? – con los ojos saltones y tratando de tomar un sorbo de gaseosa.
    Le dije que iba a ir al Parque General San Martín, y aprovecharía mi tarde buscando la séptima puerta, lo invité… pero rechazo mi invitación de lleno. Me dio algunos consejos y lugares donde él creía que estaba, pero me recomendó quedarme en casa y no seguir con esto, tal vez la séptima puerta era secreta o algo así. Su intento fallido por persuadirme duró unos veinte minutos.
    - Llámame a la noche, negra, de verdad me dejas preocupado, no quiero que por mi nota y por este mito, o realidad salga alguien perjudicado. – Sin más, me tome el trole y partí para el parque.
    Hice el ejercicio de todo el año en un día, camine y camine, vi lugares bastantes raros, con energías densas, pero con ninguna puerta; hasta que ¡se me prendió la lamparita!, el Club Regatas… era tan simple y fácil. Ahí tenía que ir a buscar… mientras me apresuraba hacia allá me acordaba de todas las historias que me han contado, del subsuelo, los vestidores… No había duda allí estaría la séptima puerta.
    Esto de no ser socia me jugo un poco en contra para poder entrar, pero fingiendo buscar información sobre el club para hacer una reseña histórica, logre colarme entre la gente y entré.
    Si bien estaba segura que la puerta estaría en el subsuelo decidí empezar desde el piso de arriba y mirar cada rincón, como si fuera una ladrona escondiéndome entre la gente, la pileta alrededores… hasta llegar a los vestidores del subsuelo… recorrí minuciosamente el lugar, me temblaban las manos… pero no, no encontré nada, absolutamente nada… excepto un anciano que se encontraba limpiando y me saco a la calle.
    Nuevamente fuera del Club y sin ningún dato, me estaba dando por vencida, cuando me di cuenta que ese anciano tenía muchos más años que yo, más experiencia, y más historias. Con el cuento de la reseña histórica baje nuevamente a los vestidores y mientras le hacía algunas preguntas inventadas, y fingía tomar nota, le pregunte a don Horacio (así se llamaba) si sabía de alguna historia o mito en el parque, o en el club… claramente no fue buena idea, estuve más de dos horas escuchando historias que en este momento no me interesaban.
    Me despedí cordialmente y le agradecí su información para la inexistente reseña, y cuando me estaba yendo dijo…
    - Nena… hay una historia que no te conté, en realidad muy bien no la sé, y para hablar por hablar mejor no digo nada. Una sobre algo de unas puertas que dicen están distribuidas por todo Mendoza y que acá en el parque hay una….
    Mi cara fue muy obvia… – a ver, cuénteme un poco más – le dije.
    - Cuando era chico, mi abuela para que durmiera me contaba siempre esa historia y me decía que me iba a dejar abandonado en la puerta del Parque donde a las tres de la mañana se liberan los demonios, se llevan a los niños inocentes y toman almas buenas para alimentarse de ellas – comentó mientras el recuerdo lo lastimaba.
    En ese momento lo único que escuchaba era la voz de este anciano y mi corazón latir como si fuera a explotar.
    - ¿Usted sabe cuál es la puerta?, ¿era verdad todo eso? – dije casi apresurada sorbe sus palabras.
    - Y… mira, a medida que fui creciendo mi abuela ya no solo me contaba la historia, si no que yo preguntaba, y lo único que me acuerdo patente, es que me decía: “La gran puerta más de una vez la cruzaras, pero solo el día que todas estén abiertas tu alma tomara” – como para calmarme. – Desde su inicio la puerta viene manchada con tragedia, muerte y dolor, cada una de ellas tiene su propia triste y sangrante historia.
    - ¿Cómo “sangrante historia”?, ¡no entiendo abuelo! – dije desconcertada… el corazón me latía a mil.
    - Ella decía que esta gran puerta fue el portal que se llevó almas trabajadoras y abrió la maldición allá por 1916. Eso es todo lo que se; anda yendo nena se te hizo de noche, no puedo habalr más – Y así me aleje del club, con más dudas que certezas.
    Camine por las palmeras, llegue a la fuente y me senté en un banco frente a ella… a pensar que hacía con esto, saque mi cuaderno y con la poca luz que había anote los datos esenciales de la charla con Don Horacio.
    Seguí mi camino con sus palabras resonando en mi cabeza, cuando llegue a los portones, y ahí me quede parada… atónita, casi sin pensar mucho, ahí estaba… esa era “La gran puerta”… La séptima puerta sin objetivo alguno… la que más de una vez cruzaras, pero solo el día que todas estén abiertas tu alma tomará…

  4. #4
    Senior Member Meritorio Avatar de claudio
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    Predeterminado Re: Las siete puertas del infierno en Mendoza

    TERCERA PARTE
    La séptima puerta estaba en el parque… ese era el único dato que tenÃ*a, luego que aquel oscuro hombre me sorprendiese en la puerta del restaurante.
    Cuando me repuse comencé mÃ* búsqueda por esa zona. El Parque General San MartÃ*n de Mendoza es el pulmón de la ciudad, un predio de más de 300 hectáreas forestadas. TenÃ*a un largo camino de por medio.
    Procuré hacer mis recorridos de dÃ*a, a la tarde noche hay pasajes, calles y pequeños bosques que se convierten en escenarios funestos, mi estado de sugestión y miedo me llevaban a tomar estos recaudos.
    El parque… aquel lugar que desde siempre habÃ*a sido sitial de amorÃ*os furtivos de jóvenes y amantes, zona deportiva por excelencia, recorrido obligado de fanáticos dela velocidad y el alcohol, se habÃ*a convertido para mi en un gigantesco laberinto. Caminé todas las calles, recorrÃ* senderos, claroscuros boscosos y nada… no habÃ*a indicios de ningún portal. TenÃ*a presente la sensación aquella que me habÃ*a dado al ir llegando a una de las puertas, la de la galerÃ*a Ruffo, esos dolores de abdomen, esa descompostura, pensaba que quizás al irme arrimando a la séptima puerta estos sÃ*ntomas iban a volver a aparecer… pero no, nada, no pasaba nada, la séptima puerta no aparecÃ*a.
    Estuve dos semanas recorriendo el parque, la investigación se iba diluyendo en la web. Las puertas que algunos lectores habÃ*an presumido encontrar sin dudas estaban erradas, no eran la séptima y los lectores me apuraban dÃ*a a dÃ*a. No habÃ*a forma de continuar esta odisea… hasta que me llegó un email.
    Me lo escribÃ*a Santiago Fuentes, les transcribo lo que decÃ*a:
    Dr. Bomur, al leer tu nota de las siete puertas del infierno en Mendoza me fue inevitable recordar traumáticos sucesos de mi pasado familiar. Se la leÃ* a mi abuelo hace poco y, luego de un silencio que ha durado hasta ayer, me preguntó si habÃ*a manera de comunicarme con el autor de la misma. Lógicamente él no entiende nada sobre medios digitales, asÃ* que heme aquÃ*, escribiéndote para ver si podemos juntarnos, mi abuelo tiene algo importante que contarte, sin dudas es sobre la séptima puerta.
    Generalmente no acudo a citas con lectores, pero este email era importante, no contaba con nada, asÃ* que esta invitación me era imposible de obviar. Les respondÃ* que sÃ*, quedamos una fecha y fui a la casa de Aldo, el abuelo de Santiago.
    Aldo tenÃ*a noventa y tres años, la delgadez de su silueta estaba cubierta por profundas señas de haber vivido la vida, aún conservaba algo de pelo, blanco, frágil, pero su semblante era la de un tipo que en su plenitud debÃ*a haber transmitido fuerza y vigor, caracterÃ*sticas que aún se mantenÃ*an intactas en sus ojos negros. Aldo era viudo, vivÃ*a solo en un enorme caserón de una Godoy Cruz colonial, de antaño, entre departamentos modernos y pavimento gris. Me recibió con unos mates junto a Santiago, un tipo de mi edad. Luego de una breve presentación y una charla amena sobre actualidad polÃ*tica, fuimos al grano. Este fue el relato de Aldo…
    - Mi hermano Lucas era seminarista, habÃ*a iniciado sus estudios eclesiásticos en Córdoba y, algunos años después de la inauguración de la Iglesia del Sagrado Corazón de Jesús, logró que le hicieran el traslado a Mendoza, su tierra natal. Los Jesuitas habÃ*an construido esa iglesia en 1908, en aquella época corrÃ*a un intenso rumor sobre el edificio, el cuál contaba que estaba montado sobre un cementerio Huarpe.
    La misión, iniciada en el siglo XVII por los Jesuitas, era la de evangelizar a los aborÃ*genes de cuyo, en su gran mayorÃ*a Huarpes y una de las acciones de estas órdenes, era la de construir lugares sagrados donde se adoraba a dioses paganos, lógicamente los cementerios eran el sitio predilecto de construcción.
    HabÃ*a un lugar en al patio donde la hierva no crecÃ*a, plantasen lo que plantasen. Era un cÃ*rculo de alrededor de un metro y medio de diámetro de tierra negra, con olor putrefacto y una temperatura distinta al resto del terreno, tierra caliente. Se rumoreaba que ese era un pasaje al infierno. Por las noches, a las tres de la mañana en punto, los seminaristas juraban ver salir y entrar sombras, susurrando confusos sonidos, mezcla de risas y lamentos. Mandaron a construir un corazón de cemento sobre el cÃ*rculo, en alusión al “sagrado corazón”, uno de los sÃ*mbolos de la orden de los Jesuitas y emblema de la Iglesia, pero nada detenÃ*a los sucesos… y los rumores se estaban esparciendo peligrosamente por los alrededores. En una época de fervor religioso, este tipo de asuntos era nocivo para la salud de la iglesia católica. Entonces decidieron construir una sacristÃ*a ahÃ* mismo, tapando el aquelarre con una construcción sagrada. Hicieron una puerta hacia el exterior, como para calmar las ansias de la gente que creÃ*a en el rumor, asÃ* podrÃ*an entrar y ver que no habÃ*a nada… fue la peor decisión, ya que las nefastas sombras, a las tres de la mañana, comenzaron a dispersarse por la ciudad.
    Una noche de invierno, un sacerdote fue poseÃ*do de una manera brutal, ningún cura de la provincia lograba exorcizarlo. Pasaron cuatro meses para que llegara de España un cura exorcista… pero fue demasiado tarde. El sacerdote murió horrorosamente.
    Su visita no fue en vano, ya que les contó a los Jesuitas sobre un estudio que estaba haciendo acerca de las “siete puertas del infierno” que habÃ*a estado observando en distintas ciudades del mundo. También contó que habÃ*a estado investigando una manera de cerrar estos portales, pero que era extremadamente peligrosa (NDA: esto lo comenté en la nota anterior y el relato certificó lo que yo traté como “mito”). El rito constaba en hacer ingresar a un joven puro a la hora maldita y que él mismo cerrase desde adentro el portal. Ese joven no solamente jamás regresarÃ*a al mundo terrenal, sino que padecerÃ*a eternamente los tormentos del infierno. Y esto no era lo peor, sino que lo peor era que mientras más puertas se cerrasen, más se iba a intensificar el flujo y la virulencia demonÃ*aca de las restantes. Cerrar seis puertas implicaban la presencia del mismÃ*simo Diablo en la última, defendiendo sus huestes.
    Las semanas pasaron y el rumor hizo eco en otras localidades, hasta se supo de un contingente de seminaristas rosarinos que prefirieron posponer su visita a la Iglesia debido al asunto “la puerta infernal”. Entonces los Jesuitas decidieron abordar el problema con valentÃ*a y rigor…
    El temerario joven puro fue mi hermano Lucas. Luego de un ritual a puertas cerradas del que nadie jamás se enteró, él ingreso a las 3 de la mañana por aquella puerta… sellándola para siempre.
    Yo me quedé perplejo. El relato de Aldo me habÃ*a dejado mudo, estaba sorprendido, ahora me cerraba porqué en aquella puerta no sentÃ* absolutamente nada. Aldo continuó…
    - Lograron preparar dos seminaristas más para cerrar otras puertas que habÃ*an aparecido en la ciudad, pero fueron poseÃ*dos mortalmente, motivo por el cuál el miedo hizo sucumbir la misión. Decidieron construir sobre las puertas que habÃ*an aparecido y santificar las construcciones existentes, esto no detuvo a los demonios… y mi hermano quedó eternamente dentro.
    Las palabras de Aldo sonaban cansadas y su mirada reflejaba nostalgia y tristeza. La historia era impactante, pero hasta el momento no me ayudaba en nada para el hallazgo de la séptima puerta.
    - Don Aldo, yo encontré seis de las puertas, todo con el fin de documentar esto que sucedÃ*a en la ciudad de Mendoza. Pero llevo semanas buscando la última… deberÃ*a estar en el parque.
    - La puerta del parque es la séptima, es la peor de todas. No terminé de contarte la historia… – me dijo Aldo y volvió a mirar hacia el horizonte – Yo no soy un hombre de fe, pero siempre mantuve un vÃ*nculo especial con mi hermano. SolÃ*amos soñar las mismas cosas y, como si fuésemos gemelos, ambos sentÃ*amos el dolor del otro. Era algo casi mÃ*stico, pero nunca le dimos mayor trascendencia.
    A partir del momento que mi hermano desapareció para siempre, ingresando en la puerta, durante un tiempo yo comencé a tener pesadillas terribles… y en algunas se aparecÃ*a él, luchando, padeciendo, sufriendo y alcanzaba a darme algunos datos sobre otras puertas. Fue asÃ* cómo les informé a los Jesuitas de la locación de las siete.
    Apenas Aldo terminó de hablar su mirada volvió hacia mÃ* y luego buscando desesperada los ojos de su nieto. El viejo comenzó a toser, cada vez más fuerte, a agarrarse el abdomen y a quejarse dolorido. Se paró de pronto, Santiago y yo nos paramos asustados. Aldo tosÃ*a y se ahogaba… sÃ*ntomas que se me hacÃ*an familiares. Sus ojos se perdieron en la nada, estaba viendo sombras… negro. Trataba de espantarlas con las manos, al tiempo que se apretaba el cuello intentando librarse de algo que no le permitÃ*a respirar. Estaba siendo acosado por sombras infernales. Aquellas que vi en el restaurante. Santiago se abalanzó hacia él…
    - ¡Abuelo! ¡Abuelo respirá hondo, tranquilizate! – gritó desesperado – ¡Llamá a una ambulancia! – me ordenó mientras sostenÃ*a al viejo.
    Marqué desesperado el número y pedÃ* que nos acudan. Con Santiago no sabÃ*amos qué hacer, el viejo se ahogaba. – Siempre le pasan estas cosas cuando habla del tema – dijo Santi mientras lo apantallaba y sostenÃ*a en el piso, completamente desorientado. Aldo convulsionaba, respiraba entrecortado, tosÃ*a aparatosamente y tenÃ*a la mirada fija en la nada, horrorizada. AsÃ* debÃ*a haber estado yo en la puerta del restaurante, estaba padeciendo los mismos sÃ*ntomas. Me miraba intentando decir algo, pero las palabras no le salÃ*an. La situación era desesperante, parecÃ*a que iba a morir. EmitÃ*a gritos aterradores y sonidos con una voz extraña.
    Unos minutos después llegó la ambulancia junto a los padres de Santiago, entraron todos juntos. La madre de Santiago le arrimó un crucifijo y comenzó a decir palabras en latÃ*n, ante mi mirada atónita. Los enfermeros pusieron oxÃ*geno y cargaron a Aldo en la camilla, una bocanada de aire profundo menguó el ataque del viejo, que alcanzó a mirarme entre la confusión y el miedo…
    - Esta en el lago… la séptima puerta está al rededor del lago… ahÃ*… a la vista de todos. – Terminó de decir al tiempo que los padres de Santiago me miraban confundidos y ayudaban a cargar al viejo a la ambulancia.
    Salieron todos al hospital, Santiago me dijo que no era necesario que fuese, que esto le solÃ*a pasar a Aldo cada vez que hablaba sobre su hermano, que fuese a buscar la séptima puerta y terminase con este tema.
    Esperé al otro dÃ*a y fui a buscar la puerta. Aldo estaba bien, lo supe porque me comuniqué con Santiago. Coloqué azufre en las plantas de mis pies y a la tarde fui a recorrer el perÃ*metro del lago. Comencé por el club Regatas, en dirección sur, llegue al museo en el extremo del lago sin apreciar nada. TemÃ*a que quizás la puerta estuviese bajo la superficie del lago. Di la vuelta y seguÃ* hacia el norte, en dirección al rosedal… nada extraño. Ni siquiera un vestigio de puerta.
    Recordaba haber caminado cientos de veces por la zona, sin jamás percatarme de nada. ¿Cómo podÃ*a haber una puerta al rededor del lago que mil veces habÃ*a recorrido? Llegue a pensar que las palabras de Aldo eran un acertijo, ya me quedaba solo un cuarto de recorrido.
    Atravesé el rosedal y llegué al principio de la vereda que circunda el lago. SubÃ* al asfalto, pasé el acantilado, bajé por el restaurante que está en el otro extremo del lago y volvÃ* hacia el sur, en dirección a Regatas, mi punto de partida… entonces un dolor de estómago me sorprendió…
    Comencé a sentir mareo al tiempo que caminaba, la respiración se me empezó a dificultar. Algo estaba pasando, el miedo me atacó… era la tarde, no me podÃ*a ir sin terminar mi recorrido. Caminaba errado, mirando hacia todos lados, a medida que continuaba más se agudizaban los dolores… hasta que se suscitaron los lamentos, las risas, los quejidos… los sonidos del infierno en mi cabeza. Entonces vi algo… un árbol extraño, macabro, horrible a lo lejos. La garganta se me empezó a cerrar. Como pude saque mi celular y comencé a filmar mi camino… hasta que la encontré…
    Estaba frente a la séptima puerta del infierno. Empecé a ver cómo la oscuridad se abalanzaba sobre mÃ*. Estaba decidido a tomar fotos de este lugar,Â*ahÃ*… a la orilla del lago, a la vista de todos, sin ningún sentido.
    Trastabillé y estuve a punto de caer al lago, presentÃ*a ánimas oscuras que me empujaban hacia el agua. Totalmente descompuesto, con la vista nublada y aterrado por los ruidos que sentÃ*a, tomé fuerzas de algún lugar y decidÃ* abrir la puerta para ver qué habÃ*a dentro. Estaba completamente empapado de sudor y me tiritaba todo el cuerpo. Lo que me encontré me dejó paralizado... dentro de la séptima puerta del infierno, en cemento, como un signo inequÃ*voco de una lucha espiritual que data de más de un siglo en Mendoza, habÃ*a un corazón... sÃ*mbolo sagrado de la lucha de los Jesuitas contra las puertas...
    Â*Hay que bajar especÃ*ficamente ahÃ* para verla. Cosa que no recomiendo. A medida que me iba alejando iba recobrando el sentido y la salud.
    Mi búsqueda habÃ*a terminado, ahora conocen la locación de las siete puertas, de las cuales solo una está cerrada. Hay mucho más que investigar, sin dudas tendremos novedades y más relatos al respecto. Por un tiempo creo que me voy a alejar de todo este asunto... aún por las noches siento aquellos lamentos y el sonido de las puertas abriéndose en mi cabeza.

    Â*El Dr. Bomur nos deja el relato sobre la última puerta del infierno de las siete que hay en Mendoza.

  5. #5
    Senior Member Meritorio Avatar de claudio
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    Predeterminado Re: Las siete puertas del infierno en Mendoza


  6. #6
    Senior Member Meritorio Avatar de claudio
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    Predeterminado Re: Las siete puertas del infierno en Mendoza


  7. #7
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    Predeterminado Re: Las siete puertas del infierno en Mendoza

    Es muy interesante el tema pero también he leído que muchos desacreditan los descubrimienros de este doctor.
    Estaría bueno contactarlo y descubrir que hay de cierto en todo esto.
    También asi confirmar que el hombre existe y no es otra fabricacion del cyber espacio.
    "Lo que hacemos no define quienes somos. Lo que nos define es como nos levantamos despues de habernos caido"

  8. #8
    Senior Member Investigador Novato Avatar de pabloxxx
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    Predeterminado Re: Las siete puertas del infierno en Mendoza

    Buenas! Claudio, me parece que deberías aclarar algunas cosas, es todo absolutamente ficción, escrito por administradores de "el mendolotudo" una página mendocina de Facebook, ninguna de las historias de esta índole que salen de ahí son verdaderas, son ficticias... Saludos.

    Dear agony...

  9. #9
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    Predeterminado Re: Las siete puertas del infierno en Mendoza

    ¿Te gustan los relatos de terror? Entra con nosotros para que disfrutes de excelentes leyendas de nuestra cultura: https://www.curiosidario.es/leyendas-terror-mexicanas/

  10. #10
    Senior Member Meritorio Avatar de arielf
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    Predeterminado Re: Las siete puertas del infierno en Mendoza

    Muy interesante como relato de ficcion o leyenda urbana. de real poco tiene muchos desvios que desacreditan su autenticidad . gracias por compratir igual todo es interesante aca !

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