Lo conocieron con el apodo de "el hombre verde" - una figura espectral que caminaba por las noches por las calles de Pennsylvania -, y pronto se transformó en una leyenda urbana. Sin embargo la persona detrás del mito realmente existió y escondía una historia trágica. La de Raymond "Ray" Robinson (1910 – 1985), un hombre marcado a fuego por el destino.

A la edad de 8 años Robinson fue victima de un terrible accidente. Luego de tocar el cable electrificado de un tranvía electrico - mientras estaba colgado de un árbol, intentando alcanzar un nido de pájaros -, la furia de miles de voltios descargados (casi 22.000!) en su cuerpo lo desfiguraron de manera horrible. Las terribles quemaduras lo dejaron en un estado muy delicado y las esperanzas eran mínimas; un año antes otro chico había tenido un accidente similar y habia perecido en el acto. Sin embargo se dió el milagro y, luego de un mes de agonía, Robinson comenzó a recuperarse... a costa de perder sus ojos, la nariz, una oreja y uno de sus brazos.



El resto de su vida se transformó en un duro calvario con el cual lidió hasta el final de sus vidas. Viviendo de prestado en casa de parientes, comenzó a trabajar haciendo cinturones y billeteras, y permanecía aislado del mundo exterior durante el día. Sólo durante la noche avanzada se animaba a salir, munido de un bastón y circulando por las calles más oscuras. En raras ocasiones Robinson se animaba a charlar con alguien - los curiosos se agolpaban para verlo en sus rondas nocturnas -, y accedía ocasionalmente a sacarse fotos a cambio de cigarrillos o cerveza. Visto como una rareza o como un engendro, pronto dio pie al origen de leyendas urbanas, las que hablaban de él como un espectro ambulante. Lo llamaron el hombre verde y pronto surgieron las explicaciones apócrifas - que se trataba de un fantasma verde; que su piel quemada había tomado un tinte verde luego del accidente -, cuando el mote venía en realidad de una vieja charretera militar que utilizaba para abrigarse durante sus largas caminatas invernales.

En sus últimos años de vida Robinson debió resignar sus caminatas y terminó viviendo en un geriátrico en Beaver County, en donde falleció en 1985.

En su Pennsylvania natal Robinson se ha transformado en una leyenda local. Numerosas historias han nacido de su figura, mutando el origen y la naturaleza de sus cicatrices. Sin embargo, mientras que para el resto era un fenómeno o una curiosidad, para su familia era una excelente persona cuya vida fue alterada por la desgracia. Como recuerda uno de sus sobrinos en un tributo publicado en el diario Beaver County Times: "para nosotros era simplemente el tío Ray. El nunca hablaba de sus cicatrices ni de sus problemas. Era algo que simplemente ocurrió y no había nada que hacer al respecto. Y él lo tenía asumido hasta tal punto que jamás le reprochó a la vida por haberle ocurrido lo que le ocurrió".

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Fuente: http://www.datacraft.com.ar/notas-hombre-sinrostro.html