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    Senior Member Super Agent Avatar de mojo1975
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    Predeterminado El acosador invisible de Cindy James

    “Entonces me imaginé, sin ninguna duda, claramente, lo que la invisibilidad podría significar para el hombre: el misterio, el poder, la libertad” H.G. Wells. El hombre invisible.



    Cindy Elizabeth Hack nació en Canadá, en 1944, en el seno de una familia de clase media, siendo la mayor de seis hermanos. Estudió enfermería y desarrolló su trabajo con niños. Era una joven muy bonita, que sus padres describían como cariñosa, centrada y responsable.



    Se casó muy joven con Roy Makepeace, doctor en el hospital en el que ella trabajaba. Su marido le llevaba casi veinte años, se divorció de su primera mujer cuando conoció a Cindy. Aunque al parecer la vida en pareja transcurrió apaciblemente, se separaron en 1982, por razones que se desconocen, si bien los dos siguieron una larga temporada en contacto compartiendo celebraciones y eventos.



    Tras la ruptura de su matrimonio, aunque Cindy se sentía preparada para afrontar la vida sola, sufrió un calvario que no terminaría hasta su propia muerte. Todo empezó con unas llamadas telefónicas amenazantes, a las que se sumaron ruidos nocturnos como si alguien merodeara alrededor de su vivienda. También recibió mensajes anónimos inquietantes elaborados con recortes de prensa, fotos de cadáveres en la morgue, y paquetes que contenían carne cruda. Experimentó asimismo daños en su propiedad, como la rotura de las luces del porche o de los cristales de algunas ventanas, y el corte repetido de sus líneas telefónicas. Se encontró incluso gatos muertos colgados en su entrada con notas que decían “Tú eres la siguiente”.

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    Cindy denunciaba cada hecho con la esperanza de que atraparan a su acosador. La policía estuvo investigando cada incidencia, vigiló sin descanso las inmediaciones, llegó a custodiarle las 24 horas del día, pero nunca obtuvo indicio alguno. ¿Quién era capaz de asediarla de esa manera sin dejar rastro?



    El acoso se iniciaba y cesaba por temporadas. Las amenazas telefónicas no podían rastrearse porque eran demasiado cortas. Nunca ocurría nada cuando la policía vigilaba. El merodeador no dejaba huellas. Cindy mostraba a veces comportamientos extraños o incoherentes con su situación, como pasear a su perrita a altas horas de la noche. La policía empezó a sospechar sobre la posible responsabilidad de la propia víctima en todo lo que le ocurría. Llegó a apodar con ironía “el hombre invisible” al supuesto acosador.



    Por su parte, Cindy, desesperada porque los signos de acoso no cesaban y porque además estaba perdiendo credibilidad frente a la policía, contrató a un investigador privado, que instaló diversos sistemas de seguridad en su casa. Una noche, tras escuchar ruidos extraños en el radiotransmisor que les comunicaba, acudió a la vivienda de Cindy y la encontró tendida inconsciente en el suelo. Una media negra de nylon rodeaba su cuello y tenía una nota amenazante clavada en su mano con un cuchillo. Decía: “Eres una perra muerta”. Cuando despertó en el hospital solo recordaba que alguien le había pinchado con una inyección en el brazo.

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    Cindy cambió de apellido, se mudó varias veces de domicilio y modificó el color de su coche, pero no funcionó. Continuó recibiendo llamadas, mensajes escritos y ataques diversos. En una ocasión, sufrió un incendio en el sótano de su casa. En otra, fue descubierta tendida en una zanja a varios kilómetros de su casa, de nuevo con una media de nylon alrededor de su cuello, con hipotermia y cubierta de hematomas y cortes. No recordaba nada del incidente.



    El detective tan solo logró grabar una llamada amenazante, una voz de mujer que decía: “Dead meet son” (La muerte llegará pronto).



    Cindy pasó una temporada en un hospital psiquiátrico presa de la tensión nerviosa que acumulaba. En un diario fue escribiendo su desgarradora historia. Durante siete largos años, llegó a reportar alrededor de un centenar de incidentes.



    Aunque al principio Cindy se llevaba bien con su exmarido terminó sospechando de él. Fue investigado por la policía, pero éste siempre negó su culpa y ninguna prueba le acusó. Es más, Roy Makepeace llegó a sugerir que Cindy padecía un trastorno psiquiátrico que incluía personalidad múltiple y delirio persecutorio. En su contra, hay quien advierte que por su condición de médico psiquiatra, además de tener fácil acceso a medicamentos y drogas, podría haber estado manipulando mentalmente a su exmujer.



    Patrick McBride, novio de Cindy en aquel entonces y agente de policía, fue igualmente objeto de seguimiento, pero tampoco se obtuvo indicio alguno contra él. También se ha planteado al respecto que dada su profesión podría controlar las vigilancias y sortearlas con facilidad, además de saber cómo borrar evidencias.



    La cuestión principal es ¿Qué motivos podrían tener uno u otro, o un tercero, para este contumaz hostigamiento hacia ella?



    El 25 de junio de 1989 Cindy James desapareció. Se descubrió su automóvil aparcado en un centro comercial. El contenido del bolso de la víctima estaba disperso bajo el coche. Dos semanas más tarde, el 8 de junio, fue encontrada muerta en la periferia de Vancouver, sobre un terreno al descubierto junto a una casa abandonada, a kilómetro y medio de su coche. Sus manos y pies estaban atados a la espalda. Una media negra de nylon rodeaba su cuello. El cuerpo mostraba múltiples contusiones y tenía la marca de una inyección en el brazo. No había, sin embargo, ninguna aguja ni jeringa a su alrededor. Estaba descalza y tampoco aparecieron sus zapatos.



    Por los signos del cadáver, la muerte había sido reciente. Según la autopsia se debía a una sobredosis de morfina. Se inició una investigación pública en la que declararon más de ochenta testigos. En la conclusión no se hizo ninguna alusión al suicidio ni al asesinato, sino a un evento desconocido, la causa era indeterminada.



    El enigma de su muerte se mantiene hasta la actualidad. Dos versiones intentan explicar esta desconcertante historia. Para la policía se trataba de un suicidio. En su opinión, Cindy padecía un desequilibrio mental y ella misma había creado los escenarios de su drama. Por el contrario, el investigador privado y la familia de la víctima siempre sostuvieron que Cindy fue asesinada. Ella llegó a decir a sus padres que estaba en la pista de quién podría ser su acosador, pero silenciaba datos por miedo a poner en peligro a sus allegados.

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    Quedan muchas preguntas respecto a la muerte de Cindy. ¿Cómo puede alguien inyectarse morfina y sin embargo no aparecer la jeringa a su lado? ¿Es factible que una persona tras drogarse pueda atarse a sí misma de esa manera tan compleja? ¿Dónde permaneció la víctima las dos semanas que estuvo desaparecida? ¿Cómo llegó hasta el lugar donde murió sin calzado y con los pies limpios?



    Lo cierto es que Cindy luchó durante los últimos siete años de su vida contra una amenaza real o imaginaria, y su muerte, lejos de aclarar el misterio, lo hizo más profundo. Sufrió una tortura mental y física, ya fuera por su propia mano enferma o por una mano ajena sin escrúpulos, y pagó con su vida. En todo caso fue víctima, bien de un trastorno mental, bien de un acosador sádico y sanguinario.



    Siempre queda cuestionarse si la policía empleó todos sus recursos en descubrir al culpable o si, ganados por el convencimiento de que Cindy mentía, abandonaron sus pesquisas para recoger pruebas contra el perpetrador. Por otra parte, tampoco lograron probar plenamente la autoría de Cindy. Bien es verdad que en aquella época la investigación forense estaba menos avanzada, y que contaban con muy pocos indicios de los que tirar, en concreto los escritos anónimos y la llamada amenazante grabada. Pero ¿los analizaron? ¿Estudiaron la procedencia de los recortes de prensa que conformaban los mensajes y la lingüística de las frases y palabras? ¿Contrastaron la voz de la llamada con la de Cindy?



    Si hubo en esta historia un acosador real, ciertamente fue muy hábil, por escapar de todas las vigilancias policiales, por no dejarse ver por ningún testigo presencial, por no descuidar ninguna evidencia, en sus múltiples acciones llevadas a cabo durante tantos años de persecución.



    Tampoco es descabellado pensar que la víctima buscara cariño y atención con una necesidad imperiosa y compulsiva, y para ello inventara peligros y acechos, que al principio le procuró lo que buscaba, preocupación y protección por parte de la policía y sus allegados. Quizá el alejamiento de los agentes al constatar que no encajaba una acción de terror contra ella tan prolongada y sin sentido, le llevó a poner fin a su vida simulando un homicidio, para imprimir en los demás culpa por haberla abandonado. ¿Eligió aposta el día de cumpleaños de su exmarido para representar su última escena? Es posible que Cindy estuviera viviendo un infierno, producto de su mente, y que su peor enemigo fuera ella misma.



    La pregunta sigue en el aire. ¿El monstruo que la acosaba era de carne y hueso o producto de su fantasía? De cualquier manera, ella necesitaba asistencia, bien policial bien psiquiátrica, pero murió sola, envuelta en un irresoluble misterio.

    fuentes:
    Isabel Salgado,

    Licenciada en Derecho. Alumna de la segunda promoción del Master en Pericia Caligráfica y Documentoscopia, UDIMA- Behavior & Law.

    link relacionados

    http://escritoconsangre1.blogspot.co...-de-cindy.html
    recomiendo ver la pagina de arriba el informe es mas completo con fotos reales de lo sucedido y el audio de la grabación de la llamada del asesino

    http://unsolved.com/archives/cindy-james

    http://thetroublewithjustice.com/201...e-cindy-james/

    http://www.melaniehack.com/threats

    https://www.youtube.com/watch?v=KPZ-G5bFEek

    https://www.youtube.com/watch?v=sbrAggQE2EA

    https://www.youtube.com/watch?v=ljymSSBqflU

    https://www.youtube.com/watch?v=ucB5Y2nqD4g
    Última edición por mojo1975; 10-10-2018 a las 19:29


    Hombre nuevo - Tú que pasas - no me llames - No me llames hasta el designio¡ Llueve - llueve! Deposito mis crispadas manos en las divinas de Señor. . . Y camino Llueve ... llueve ... llueve ... Señor, Señor - Quisiera, jugar con el limo - y soñar con la vida. Quisiera Señor - acostarme junto a las flores sin polen, y cantar dormida! Deja que me guarde en mi rincón de sombras. Deja que abrace a las hojas - que acaricie a los frutos - que bese a las ramas y me arrope con ellas - Tú que llegas hombre nuevo -contémplame. ¡Soy la muerte!. . mas prosigue tu camino hombre fuerte - Es ya el final del instante. ¡Voy a dormir!

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