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  1. #1
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    Predeterminado el charro negro

    Una leyenda muy conocida en distintas partes del pais, ya sea en Michoacán, Distrito Federal, Estado de México, Veracruz, solo por nombrar algunos. La historia varía pero siempre detalla a un hombre de negro vestido de charro, nunca se le ve la cara o solo los ojos son visibles.
    Dicen que se aparece en los descampados y se le aparece a gente necesitada de un favor como dinero, amor, poder o que simplemente se le ve de lejos. No siempre se encuentra en áreas rurales ya que se le ha visto en lugares como el Callejón del Aguacate en Coyoacán en la Ciudad de México o en el centro de Zamora Michoacán.
    La gente que lo ha visto dice que es el mismo diablo al que se ve y que las personas que han caído en tentación son robadas por el. Dos leyendas con distinto final lo hacen el personaje principal.
    La primera en Guanajuato dice que había una joven muy hermosa la cual era pretendida por muchos, a lo que ella se negaba. Una noche cuando ella se prepara a dormir escuchó a un caballo llegar debajo de su ventana. La joven curiosa abrió la ventana y vió a una persona vestida de charro la cual volteó a verla con unos ojos rojos encendidos, la joven asustada cerró la ventana y escuchó un relincho espectral. A partir de esa noche el visitante se presentaba cada noche. Harta por la situación consultó al sacerdote del lugar el cual le recomendo que colocara un crucifijo en la ventana pero cubierto por una tela además de leer la biblia.
    Al presentarse el charro debía leer un pasaje específico y descubrir la cruz, muerta de miedo la joven esperó toda la noche hasta que se presentó el charro. Cumpliendo las recomendaciones del párroco leyó el pasaje y descubrió el crucifijo en el momento en el que caía un rayo en el patio y el charro desaparecía en una nube de azufre.
    La otra leyenda no tuvo final feliz, se dice que otra joven era pretendida por muchos pero ella los rechazaba esperando conseguir a alguien que llenara sus ambiciones. Finalmentte un charro negro se presentaba en su casa todas las noches y le ofrecía dinero y joyas, la joven ambiciosa no dudó mucho tiempo y aceptó el regalo del desconocido el cual la montó en su caballo y partió con ella a toda prisa.
    La joven se asustó y quiso bajar del caballo pero no podía ya que se encontraba como pegada a la silla del caballo y comenzó a gritar de terror al descubrir el rostro del diablo debajo del sombrero del charro.

    fuente: http://marcianos.com.mx/leyendas-urbanas-mexicanas/
    Última edición por elbotas2008; 21-03-2012 a las 18:22

  2. #2
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    Predeterminado Re: el charro negro

    La Leyenda de “El Charro Negro”



    LEYENDAS DE MEXICO
    Nunca supe su nombre, pero “el charro negro” era un hombre robusto, alto, moreno claro y siempre vestía como un charro. Traía un sombrero de esos redondos de dos pedradas y en sus botas tintineaban sendas espuelas de plata que refulgían con la luz del sol. Acostumbraba a ir los domingos por la tarde a la plaza publica municipal, ahí cantaba a capela y hacia resonar su látigo sobre el pavimento, algunos murmuraban a sus espaldas que estaba loco y disimulaban sus risas no fuera que los descubrieran y entonces si, se las vieran con un loco furioso.
    Decían que su locura le había venido de una vivencia traumática cuando aun era muy joven que una tarde que volvía de reparar la cerca del rancho en donde trabajaba como caporal, su caballo, un manso retinto comenzó a parar las orejas pues había advertido algo fuera de lo común metros mas adelante.

    Un pequeño bulto fue tomando forma según se acercaba. Era un canasto que dejaba asomar unas cobijas. El palomo, que así se llamaba el noble animal, comenzó a temblar y a corcovear un poco, luego, se rehusó a seguir avanzando su jinete, descendió de su bruto, lo ato a un árbol cercano y avanzo los pocos metros que lo separaban de lo que resulto ser un hermoso bebe que tendría según su apariencia, solo algunos meses de haber nacido. Estaba envuelto en una fina cobija blanca con rayas gruesas de color azul marino. Tomo a la criatura en sus brazos mientras se preguntaba que madre desnaturalizada habría tenido la sangre tan fría como para abandonarla.

    Tenia la piel muy blanca, los ojos muy azules, regordete, pesaba según sus cálculos quizá un poco mas de 5 kilos. Se encamino con el bebe a su caballo y cuando se iba acercando el animal comenzó a relinchar, a pararse en los dos cuartos traseros y a lanzar coces a diestra y siniestra. Trato de clamarlo pero fue inútil. Al ver que no conseguía nada decidió sentarse un momento sobre una gruesa rama de un árbol que descendía hasta casi llegar al suelo. Noto que, conforme se alejaba con su carga a cuestas el noble bruto se iba tranquilizando.
    “- Vaya que esta raro el palomo-“, dijo en voz alta el caporal, luego prosiguió: “-Parece que no le caíste bien amiguito. Pero ¿Dónde diablos estará tu madre?-”.

    El caporal empezó a hacerle cariños y carantoñas hasta que el bebe comenzó a reír. “- No entiendo, palabra, como es que te dejaron abandonado… tan precioso… tan gracioso…-”, decía el hombre cuando paso algo extraño, el rostro del niño se puso serio y de su pequeña boca salió de pronto una voz horrible, cavernosa: “- Y también tengo dientitos…”. Su pequeño rostro se había transfigurado para entonces. Los ojos se le tornaron rojos y de sus pequeños labios se asomaban dos grandes colmillos. Babeaba una sustancia verdosa.

    “- Sagrado corazón de Jesús-“, grito el caporal, mientras arrojaba con fuerza y lejos de si a aquella horrible figura, que pesadilla que reía espantosamente. Con los nervios destrozados subió en un santiamén a su caballo y se alejo a todo galope de aquel sitio. Cuando llego al rancho y bajo de un salto de su cabalgadura ya decía esa clase de incoherencias que lo caracterizarían tiempo después. Tuvo un acceso de fiebre que lo postro por tres días. Se recupero de la fiebre, pero no de su locura. Con sus propias manos hizo una desviación del camino antes de que lo despidieran, cerco el acceso a aquel sitio donde había tenido lugar el suceso paranormal y colgó un letrero que decía “Prohibido el Paso, tome su ruta a la derecha, camino inservible”.

    Aseguran que ha habido personas que ignorando el letrero se han internado por ese camino y que luego han salido de ahí listos para ingresar al manicomio diciendo no se sabe que clase de incoherencias algo así como una especie de rumor, leyenda o mito, algo así como un asunto escabroso de un bebe abandonado.

    Historia extraída del libro titulado: “Diez Leyendas de Cuauhtémoc”
    De: José Luis Domínguez, Dibujo por: Luis Fernando Villalobos Armendáriz


    Hombre nuevo - Tú que pasas - no me llames - No me llames hasta el designio¡ Llueve - llueve! Deposito mis crispadas manos en las divinas de Señor. . . Y camino Llueve ... llueve ... llueve ... Señor, Señor - Quisiera, jugar con el limo - y soñar con la vida. Quisiera Señor - acostarme junto a las flores sin polen, y cantar dormida! Deja que me guarde en mi rincón de sombras. Deja que abrace a las hojas - que acaricie a los frutos - que bese a las ramas y me arrope con ellas - Tú que llegas hombre nuevo -contémplame. ¡Soy la muerte!. . mas prosigue tu camino hombre fuerte - Es ya el final del instante. ¡Voy a dormir!

  3. #3
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    Predeterminado Re: el charro negro

    Me ha encantado esta leyenda. No la conocia. Muchísimas gracias por descubrírmela. Me recuerda en algunas cosas a la leyenda "del perro negro" (en algunos aspectos morfológicos sobretodo) Es muy interesante. Un abrazo
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  4. #4
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    Predeterminado la leyenda del charro negro

    La ambición es una mala consejera, al menos fue la causa por la que el mítico charro negro comenzó a aparecer en nuestro país. Se cuenta que hace muchos años en Pachuca vivían familias de mineros y jornaleros que trabajaban a deshoras y en condición de esclavos. Entre ellos había un hombre llamado Juan, un hombre ambicioso que no dejaba de quejarse de su suerte.
    Un dia, alterminar su jornada laboral, se dirigió a la cantina mas cercana y comenzó a beber en compañía de sus amigos. Ya entrado en copas comentó:
    "La vida es muy injusta con nosotros. Daría lo que fuera por ser rico y poderoso".
    En ese momento, un charro alto y vestido de negro entró a la cantina y dijo:
    "Si quieres, tu deseo puede ser realidad".
    Al escucharlo, los demás presentes se persignaron y algunos se retiraron. El extraño ser le informó que debía de ir esa misma noche a la cueva del Coyote, que en realidad era una vieja mina abandonada. Juan asintió, mas envalentonado por el alcohol que por el dinero. A la hora convenida ya estaba parado frente a la mina, pero no vió nada extraordinario. Ya iba a retirarse cuando descubrió un agujero en el cual había una víbora que lo observaba fijamente. Juan se impresionó al ver el tamaño dscomunal de ese animal, por lo cual decdidió llevarselo a su casa para poder venderlo posteriormente. En su casa depositó a la víbora en un viejo pozo de agua que se encontraba seco y lo tapó con tablas.
    Su esposa intentó en vano saber el motivo de su tardanza, porque el hombre todavía estaba ahogado de borracho. Cuando se durmió, Juan comenzó a soñar con la víbora, quien al parecer le decía:
    "Gracias por darme tu hogar y aceptar que entre en las almas de ustedes. Al despertar encontrarás en el granero el pago por tu alma. Si decides aceptarlo, tendrás que darme a tu hijo varón ".
    Juan tenía dos hijos: uno de seis años y otro de escasos seis meses. A la mañana siguiente, el hombre aun aturdido por los efectos del alcohol se dirigió al granero, donde encontró entre el maiz desgranado unas bolsas repletas de monedas de oro. No salía de su asombro cuando el llanto de su mujer lo sacó de su concentración: su hijo menor había desaparecido, mientras que la niña señalaba al pozo sin agua. Al retirar Juan las tablas, encontró a su pequeño despedazado, pero no había ni rastros de la víbora.
    El dinero le sirvió de consuelo. Se hizo de terrenos y construyó una hacienda. El tiempo pasó, y en sueños la serpiente le hizo un segundo trato: "Ampliar su fortuna a cambio de mas hijos".
    Juan actuaba ya de una forma despiadada: Se hizo de muchas amantes, todas oriundas de pueblos lejanos. Tras dar a luz estas mujeres, el hombre se aparecía exigiendo al niño para su crianza. Al cabo de unos años, su fortuna creció considerablemente, pero llegó el dia en que murió.
    Se dice que en el velorio la gente que se encontraba presente rezaba, cuando entró por la puerta principal un charro vestido de negro que exclamó:
    "¡Juan!, ¡estoy aqui por el último pago!"
    Dicho esto desapareció, dejando un olor a azufre. La gente intrigada abrió el ataúd de Juan y no encontó mas que un esqueleto. Se cree que desde entonces el charro negro anda buscando quien cambie su alma y la de los suyos a cambio de unas monedas de oro.

    fuente: http://marcianos.com.mx/la-leyenda-del-charro-negro/

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